ARNOLDO ÁGUILA
Portada | Escribirnos | Selectos | Novedades | Biografía | Libros | Filosofía | Correo | Cuba | Comentarios | Foros | Amigos | Estadística | Esperanto |

BÚSQUEDA


NO HAY NOVEDAD, SEÑORA BARONESA

Arnoldo Águila


Hace unos días, el 26 de Junio de 2008, leí en
El Nuevo Herald, reportado por Ryan Lenz de la AP, que en Henderson, Kentucky, una ciudad de apenas 28,000 habitantes, Wesley N. Higdon, de 25 años de edad, que trabajaba como operador de prensa en Atlantis Plastics, mató a tiros a su supervisor, le disparó a otros compañeros suyos, matando e hiriendo a algunos y luego se suicidó.

Lo sucedido tiene tantas aristas que cualquiera puede decir cualquier cosa y viene a cuento.

Por ejemplo, en EUA una enmienda constitucional da derecho a portar armas, obviamente si el interfecto asesino no hubiera tenido acceso a su pequeña 45 no hubiera podido hacer tanto daño. Y esto da pie a confrontar la bondad o no de que un cristiano pueda despacharle a otro raciones de plomo.

Parece muy sencillo decir que se prohíba el tener armas y ya está.

Pero, aunque esta arista no es precisamente en la que este comentarista se quiere centrar, hay que tener en cuenta cuál fue el sentido de la enmienda constitucional, y el sentido no es otro que limitar el poder del Estado, que sí está armado hasta los dientes. Pues una población armada es más difícil de someter que una desarmada.

Precisamente una de las primeras cosas que hace un estado totalitario es desarmar a todo el mundo, menos a sus cuerpos represivos.

Por otra parte, en los países libres no es difícil en la actualidad escapar a dicha prohibición por parte de los extremistas de cualquier afiliación, delincuentes y marginales y de esa forma la prohibición afecta más bien a las personas decentes que en ocasiones dolorosas quedan a merced de quienes no lo son. Aquí de vez en vez un bandido recibe una deliciosa sorpresa mortal o no y en el coliseo de la vida se escucha una ovación atronadora.

Por ejemplo, Eugene Johnson no se encontraba en su casa cuando algunos ladrones se introdujeron en la misma y le robaron dinero. Pero dos semanas después su esposa escuchó que alguien golpeaba la puerta trasera. Johnson tomó su pistola e intervino. El ladrón, pletórico de confianza, le advirtió "No se mueva, estoy armado". Johnson le replicó: "Socio, yo tengo un arma también y te está apuntando". Algo desinflado y de repente asaltado por preocupaciones de salud se dio a la fuga y no sólo en la fiesta no hubo fuegos artificiales, sino que tampoco quedó ningún residuo molesto.[1]

Otrosí: En la vivienda de los Sokol la esposa de Jon escuchó la alarma de robo. De momento pensó que su esposo se había equivocado otra vez al recoger el periódico, pero entonces cayó en cuenta que el susodicho estaba aún durmiendo a su lado. "Creo que hay alguien en la casa", le susurró. Jon fue a la escalera a investigar y vio a alguien moverse. Fue por su arma y cuenta que cuando le dio vuelta a una esquina el intruso lo golpeó entre los ojos y entonces disparó. El ladrón cayó al piso y en una forma no muy amable Jon le solicitó no moverse y así lo tuvo hasta que llegó la policía. El sujeto estaba armado con un cuchillo y su expediente criminal no era muy delgado que digamos.[2]

Por otra parte, incluso los defensores a ultranza de los exprimidos, de los explotados, deben considerar este derecho positivamente, no sólo, por supuesto, los que propugnan la revuelta armada, sino también los más razonables, ya que la tragedia en Henderson ocurrió por un regaño del supervisor. Y estas tragedias hacen, aparte de las leyes, que los jefes inteligentes sean mucho más cuidadosos al tratar con sus subordinados, no vaya a ser que el afectado desempolve su bazuca.

Un teorizador utopista, un comunista idílico, o un soñador paradisíaco pudiera enunciar un mundo sin armas, pero, aparte de que quedaría por dilucidar si existe por ahí algún morador galáctico que nos descubra algún día como mansas ovejas prestas a ser esquiladas, aquí en nuestro terruño hay que tener en cuenta que el derecho de portar armas, no sólo es un factor disuasorio para las dictaduras estatales, sino que tiene el saludable efecto secundario de igualar la partida con los maleantes y además, también fomenta el respeto mutuo entre todas las personas como no es capaz de hacerlo ninguna otra medida. Ya que la mera posibilidad que brinda ese derecho intimida, limita, por un
si acaso, a los bravucones que sean esgrimistas de navajas, boxeadores, expertos en artes marciales, a los que andan en jauría, o a los que simplemente impresionan por su fortaleza física, ante los esmirriados, flacuchos y demás ciudadanos menos agraciados.

No se debe olvidar la dualidad de nuestras almas que se debaten entre lo humano y lo animal, y que de cuando en cuando gruñimos y mostramos nuestras dentaduras agresivamente.

Pero ¿qué ofensa gigantesca sufrió este joven de 25 años que lo llevó como un elefante enfurecido con su trompa calibre 45 a encabezar la lucha de clases en esa planta de elaboración de plásticos? ¿A quién de su familia violó el supervisor? ¿Le hizo alguna proposición que considerara deshonesta? ¿O le violó el honor y había que lavar con detergente rojo la mancha?

Desde luego que el detergente rojo no limpia ninguna mancha, sino que muy por el contrario, mancha más, pero al menos podemos darle el beneficio de la duda a los conocimientos que tuviera el interfecto, pues no se le conocen antecedentes en ese tipo de tintorería.

Pues bien, la horrible injuria consistió en que temerariamente, a riesgo de perder la vista, el joven Higdon no usaba sus espejuelos de seguridad y además, sí usaba su teléfono celular en el área de montaje.

Desde luego que el supervisor cuidaba los intereses de los explotadores, porque seguro que en eso influía la aseguradora ante las eventualidades de un accidente y la demanda posible, y el que los espejuelos protegieran al trabajador era simplemente un efecto secundario. Y ¿qué es eso de no poder usar el teléfono celular mientras se trabaja? Puro fascismo. Si se puede usar realizando el acto sexual ¿por qué no se puede usar trabajando? Inadmisible. Eso no se le podía tolerar al supervisor aunque éste estuviera nada más que cumpliendo con su trabajo.

El susodicho insultado le dijo a su novia por el celular de marras que pensaba liquidar al jefe que le había ultrajado el honor y así lo hizo. Pero bueno, ya después de haberle notificado en plomo calibre 45 al supervisor su disgusto ¿por qué no informarle también a otros que seguro apoyaban el punto de vista absurdo y fascista del recién advertido? Y más se tarda en decirlo que hacerlo y ¡pim pam pum!

Pero bien, y ¿ahora qué?

El calibre 45 no es un calibre para herir y si usted prefiere ese calibre sobre los otros más manejables puede significar que usted llegado el caso quiere hacer daño. Usted necesita mostrar poder destructivo. Y eso sí es caldo de cultivo en este país, dominado en lo general por la emoción de poder, emoción materializada en el deseo de manejar carros dinosaúricos, amenazados ya a desparecer ante la hecatombe petrolera, materializada también en esos héroes superpotentes que inundan las pantallas y los videojuegos, etc.

Claro como el agua no contaminada, si usted trabaja usted sabe que puede ser requerido para que haga las cosas como quiere el que le paga. Si usted no le gusta el jefe, pues se muda para otro trabajo.

Pero resulta obvio que a usted no le pagan por hablar sus conversaciones personales.

Y los espejuelos en definitiva lo protegían físicamente a él.

Nítido como el cielo mesozoico, el criminal despreciaba a todos los que le rodeaban, por lo que no podía darles el gusto de que lo juzgaran, lo exhibieran como un bicho raro y cuando se suicidó lo que hizo fue mandarnos a todos nosotros a la mierda. Otro personaje histórico ya había expresado algo parecido en su contenido antisocial, superegoísta:
Después de mí, el Diluvio.

Es decir, aquí vemos una consecuencia del desarrollo extremo del individualismo, que es sano cuando es limitado adecuadamente y es entonces capaz de crear la civilización en la que hoy vivimos en los países más avanzados de este planeta.

No sólo es una muestra de egoísmo, sino que llega al odio de quienes le rodean, odio visceral con poca o ninguna elaboración intelectual a dios gracias, es decir, no había inteligencia para transformar ese odio en genocidio.

El tipo odiaba a los demás y era bruto.

¿Se puede evitar este tipo de hecho?

El hecho y otros similares nos muestran una falla del sistema porque sin censura no existe sociedad, no existe ser humano, y se confunde la libertad con el libertinaje.

Creo en la libertad de que usted pueda tener armas aquí en EUA (debido a la situación específica de esta nación), como usted puede manejar un auto, pero al igual que se necesita licencia de conducción y ciertos chequeos para que usted no se convierta en un homicida sobre ruedas, debe tener similares o mejores salvaguardas más exigentes en la compra y posesión de armas para que ellas no estén en manos de gatillos alegres, y al igual que se chequea periódicamente para la licencia de conducción que usted no sea ciego o borracho crónico, entre otras minucias, debe chequearse su estado mental para su licencia de armas.

Esto se refiere a la normativa social, a la organización de la vida social mediante las censuras de la imaginación de los individuos materializadas en leyes y regulaciones.

La otra vía se refiere a la formación de las mentalidades, a la censura social de las imaginaciones de los individuos en su proceso formativo, en su educación.

El asesino de marras se creía que él no tenía porqué aceptar ninguna censura, ni crítica. Y eso le tiene que venir desde niño. Lo que sí es una falla notable en este país en el cual se confunde el sano individualismo anti-robótico con la salvaje libertad de la serpiente solitaria.

No puede haber una sociedad sana formada por individuos que se crean serpientes solitarias. El ser humano llega a ser tal porque se desarrolla en un grupo social que primero lo defiende, lo alimenta, le enseña como alimentarse por sí mismo y el lenguaje.

Si el individuo no quiere aceptar la más mínima censura a lo que él piensa debe quitarse lo que viste, debe irse a una jungla y debe olvidar hasta el lenguaje que le enseñaron. No tiene derecho a comportarse como un animal rabioso que muerde la mano que lo crió, atendió y enseñó.

Mi crítica hacia el sistema educacional es total e internacional, porque el fundamento del mismo es muy perjudicial con su enfoque casi exclusivo en la letra muerta y casi escasa en la preparación para la vida común. Dicha preparación no puede quedar en manos de la familia cuando esta institución ha sido herida tan profundamente por la vida moderna, y porque no puede brindar la homogenización nacional requerida.

El caso de Wesley N. Higdon es simplemente la cúspide de un gran iceberg, que puede hundir en el mar al barco titánico de la civilización.

Notas:

[1]The Patriot-News, Harrisburg, PA 05-31-08 Thru "American Rifleman" August 2008.

[2]Star Tribune, Minneapolis MN 05-02-08 Thru "American Rifleman" August 2008.



Documentos relacionados:

Teoría de las Emociones

Por favor, conteste esta encuesta para poder mejorarle el servicio gratuito que le ofrecemos
 
¿Qué le parece en general este enfoque radio-biográfico?
¿Qué le parece este comentario?
¿Cómo llegó a esta página? Si vino a través de un buscador ¿pudiera decir cuál?
¿Pudiera decirnos su grado de escolaridad?
¿Qué cosa le ha llamado más la atención de está página o del sitio?
¿Qué nos sugiere?

   


Click on the flag for translating this web from this point forward