ARNOLDO ÁGUILA
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Análisis de las Cartas Fidel-Mora (http://www.eltunel.com.ar/)

Lo primero que llama la atención en la carta de Pablo Mora es el lenguaje que pretende ser poético -y que el mismo Fidel ridiculiza cuando al final le dice: “¿qué tal si mientras avanzamos, vamos dejando por el camino el lastre de tanto rimbombante adjetivo?”-, pero que busca a todas luces no oscurecer el mensaje, ni siquiera usando términos o giros propios de la forma de hablar del venezolano, con excepción de dos palabras, “arrechera” y “merensón”.
El mensaje de la carta es una loa desmedida para Fidel Castro y Cuba, desmedida si el que escribe la carta es en realidad un venezolano sin asistencia cubana, aunque quizás explicable por la formación comunista del autor de la carta denotada en su amor al “ejército rojo”.
Ahora bien, la formación comunista de una persona presupone una disciplina de obediencia al grupo donde se milita, por lo que la espontaneidad de la carta queda en entredicho y pudiera ser el cumplimiento de una misión partidista, quizás de carácter local, venezolano o incluso internacional, porque los comunistas se deben al internacionalismo proletario.
Ésta última posibilidad se hace palpable cuando se compara la fecha de ambas cartas, que es la misma. ¿Cómo una carta hecha en Venezuela llega el mismo día a manos de Fidel? La carta se la entregan durante la “recepción ofrecida por nuestra Cancillería al Cuerpo Diplomático”, es decir, que parece ser que se la entregó un diplomático, lo que implica a Mora con una conexión diplomática. Una cosa curiosa que dice Fidel es: “como usted sabe, el Protocolo constituye uno de los peores tormentos a que todo Jefe de Estado debe someterse.” ¿Por qué Fidel supone que Mora sabe eso? ¿Es Mora un Jefe de Estado o está sirviendo de hombre de paja de uno?
Más tarde Fidel usa una modestia aparente al referirse a sí mismo como un “impetuoso abogadito que, hace hoy 45 años, dirigiera el casi suicida ataque contra el cuartel Moncada”. El ataque al cuartel no fue impetuoso ni suicida, sino que hubo planificación y preparación previas por parte de un grupo destacado de participantes, entre ellos Abel Santamaría, quien sí pereció en el intento. La parte que fracasó fue precisamente la que dirigió Fidel, quien se retiró dejando heridos, y compañeros suyos detrás, sin asomo de acto suicida o de extraordinario arrojo por su parte, fracaso que por coincidencia Chávez repitió luego en Venezuela cuando su intentona de golpe.
El quijotismo de nuestros pueblos premia no a los que se dedican de modo sereno y persistente durante toda su vida a mejorar las cualidades morales, cívicas y materiales de una nación, sino a los que fracasan con tambores y trompetas en la conquista del cielo a bayoneta limpia, manchando todo, por supuesto, con sangre y estiércol.
Continúa Fidel diciendo: “Dice usted, señor Mora, que el mundo está conmigo, y con "mi" Cuba. ¿Lo cree usted realmente? ¿Cree que en ese mundo dominado por las transnacionales de la desinformación, los pueblos tienen acceso a los datos reales del proceso que sigue nuestra isla?”
El Primer Secretario del Partido Comunista Cubano, Presidente y Comandante en Jefe siempre se ha caracterizado por decir con la mayor calma del mundo las mentiras más grandes. En primer término, pone entre comillas la palabra “mi”, para negar la realidad innegable de su posesión indiscutible de Cuba. Mas tarde dice con un descaro incalificable: “Se equivoca usted, señor Mora, cuando me asigna la
'palabra, el destino y el poder’. La primera la tengo, claro está, en todos aquellos foros en que me es dado expresarme, por mandato y autorización de mi pueblo.” Nunca Fidel ha consultado con su pueblo nada de lo que ha determinado. Jamás en Cuba ha habido un referendo sobre nada. En Cuba ningún grupo se puede organizar en otro partido distinto, ni siquiera para apoyarlo de una manera diferente. Y se atreve a decir, con la misma cara que dice cualquier cosa, que él no tiene el poder en Cuba. Señores, si hay otra persona que tiene el poder en Cuba, nadie sabe quién es.
En cuanto a las “transnacionales de la desinformación” también miente. A pesar de que la caída del imperio comunista soviético denunció con la apertura informativa los innumerables crímenes de ese tipo de régimen totalitario, Fidel ha sido tratado por la gran prensa con guante blanco. Fidel, que fue amamantado por el New York Times en el comienzo de su carrera política, sigue siendo respetado por el más importante de los periódicos del mundo. El imperio de Ted Turner, la CNN entre ellos, lo tratan tan bien que él permite su presencia permanente en Cuba, no así de otros órganos que lo han solicitado. El exilio cubano tiene que pagar precisamente la publicación de sus puntos de vistas, por el cariño a tal personaje o la frialdad de la gran prensa con respecto al caso cubano. De la prensa española ni se diga.
No vale la pena referirse a las menciones que hace sobre la libertad de religión alguien que se caracterizó durante años por perseguir toda expresión religiosa. Las reducidas libertades religiosas y económicas dadas a los cubanos en los últimos tiempos no han sido por una toma de conciencia del tirano, sino por la debilidad económica y estratégica de su régimen.
Por esa misma debilidad es que ahora clama por la paz, no incita a tomar los fusiles, afirma que no es Cuba la que debe abrir los caminos, cuando durante decenios preparó guerrillas, las envió, las apoyó, mandó ejércitos completos a Angola, Etiopía, etc.
Pero donde es más inconsistente es cuando dice: “La Revolución, señor Mora, pretende que cada uno piense con cabeza propia, enriqueciendo con sus ideas el patrimonio colectivo. Sabemos que es éste un proceso que exige muchísimo tiempo...” ¿La Revolución “pretende” que cada uno piense con cabeza propia? Aquí en este párrafo es donde se desnuda el alma de Fidel.
Si la Revolución “pretende” que la gente piense con cabeza propia, ello quiere decir que en este momento no es así y máxime si es un proceso que exige muchísimo tiempo. El proceso es tan lento que después de más de cuarenta años los cubanos todavía no pueden pensar por su cabeza y tienen que aceptar lo que piense la Primera Cabeza del Partido, el Presidente, el Comandante en Jefe, quién dirá cuándo ha terminado el proceso y ya todos podrán disfrutar entonces y sólo entonces, el sublime privilegio de pensar por su cabeza en Cuba.

© Arnoldo Águila
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