ARNOLDO ÁGUILA
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Los marxistas son seres humanos como tú y como yo
(Este escrito se basa en una contesta que realicé en mi foro. Ha sido revisado y corregido.)

Mi norma es la honestidad y la sinceridad casi por sobre todas las otras cosas (menos sobre la primera ley de Asimov) y casi estoy seguro que en lo que respecta a tu persona este escrito no te hará desviar en un milímetro de los conocimientos que manejas sobre estos asuntos, y digo conocimientos porque así creo que los conceptúas.

Aquí en Miami se manifiesta la misma tendencia prejuiciosa en determinados grupos de extrema derecha, la mayoría de los cuales tuvieron el buen juicio de barruntar al principio de la Revolución la tendencia comunista de la misma y se exiliaron pronto o desde el principio combatieron la Revolución Cubana recibiendo el agravio de la muerte de sus familiares y amigos e incluso años de prisión. Desde luego, nótese que me refiero a grupos, no a la totalidad, ni siquiera a la mayoría de los que vivieron esas circunstancias.

Esa tendencia prejuiciosa es considerar que alguien que haya sido marxista, castrista, sea en realidad sincero cuando deja de serlo, como si haber sido marxista fuese un estigma diabólico incrustado en el alma por siempre, que ni el perdón papal puede borrar.

Los que asuman esta posición de modo intransigente lo mejor que hacen es no seguir leyendo, porque la obcecación, ciega y van a perder su tiempo.

Muchas de esas personas tienen el atrevimiento de llamarse a sí mismos cristianos, como si Cristo no creyera en la redención de los pecados, en la redención de adúlteros, ladrones, etc.

Increíble, pero cierto.

Eso es lo que logra hacer el resentimiento añejado en odio, en almas que por lo natural y para otros asuntos, son piadosas.

Haber sido marxista, castrista, es según este punto de vista extremo, algo que no tiene perdón y que es propio de mentalidades retorcidas, una patología mental, o en el mejor caso, de anormales incapaces de balbucear algo lógico.

Y yo planteo que no, que lo único que hay que ser, es una criatura humana, y con eso se dice todo, porque la diferencia esencial entre un ser humano y un animal es que el animal sabe o no sabe, acierta o se equivoca en función de la información que tiene o no tiene, y el animal humano se convence a sí mismo que sabe, cuando en realidad lo que
sabe es lo que cree que sabe, creencias que ha aceptado y almacena en su cerebro, creencias con cierta elaboración propia, que provienen de la educación de la familia, de los amigos, y de la sociedad en la que vive.

Por ello es que existen musulmanes, cristianos, marxistas y hasta ateos y escépticos. Porque nadie se forma del aire, sino de información suministrada directamente a viva voz, a través de libros, radio y televisión, que mezcla y elabora en cierta medida en un proceso de aceptación y rechazo (la atracción y repulsión que Umpiérrez descartó de un plumazo).

Desde luego, esto no quita que un individuo no haya inventado el monoteísmo, otro el ateísmo, etc.

Fidel Castro escondió que era marxista hasta un punto dado de la historia de la Revolución Cubana, pero cuando se declaró marxista, la mayoría aplastante del pueblo cubano no sólo no lo abandonó, sino que también se hizo marxista por inducción. Cuando se publicó en Cuba los
"Fundamentos del marxismo-leninismo" de Konstantinov, el libro se convirtió en un éxito de librería. Pronto las escuelas de estudios marxistas proliferaron en el país.

Una mayoría dentro de esa mayoría se hizo marxista práctico (no profundizó en el marxismo, sino que lo asumía a través de los discursos de Fidel y de los hechos de la Revolución: la nacionalización, la socialización, la Reforma Agraria, etc.). Cientos de miles de personas, quizás hasta dos millones pasaron las Escuelas de Instrucción Revolucionaria (marxismo). El marxismo pasó a ser una asignatura más en casi todas las escuelas e inundó programas de radio y televisión.

Fui uno de esos marxistas. Es más, fui un estudioso del marxismo.

Años antes del triunfo de la Revolución Cubana, teniendo doce años
"inventé" por mí mismo el llamado "Comunismo Utópico".

Tú sabes que la segunda parte del libro que publico en línea en mi sitio se dedica por completo a analizar y criticar al marxismo y creo que mis críticas son las más profundas que se pueden encontrar en el mercado libre.

Pues bien, agárrate del sillón, porque te puedes caer con lo que viene.

Si el Comunismo Utópico se pudiera desarrollar con éxito en su principio fundamental de
"Todos aportan según sus capacidades y reciben de acuerdo con sus necesidades", la felicidad de esa sociedad dejaría en el estiércol a las sociedades capitalistas más avanzadas.

Me parece obvio que si todos los individuos dan lo mejor de sí sin ambiciones personales egoístas, para el beneficio de todos, los inventores inventarían, los arquitectos tratarían de hacer los mejores diseños, los ingenieros y doctores harían igual, y si el desarrollo del país no diera para más, el inventor soltero y exitoso, viviría en un apartamento para una persona, mientras el albañil que tiene cinco hijos tendría una vivienda con seis cuartos, porque su necesidad es mayor, y no habría envidia, ya que el albañil trabaja lo mejor que puede en lo que puede. Y todos felices y contentos.

¿Por qué una idea tan noble no funciona?

Por dos razones fundamentales.

En primer término, por la naturaleza animal del ser humano.

Esa naturaleza animal del ser humano lo lleva a competir, a expandirse, a ocupar el máximo del territorio que puede ocupar en lucha (en esa fuerza de repulsión que ni Marx ni Umpiérrez consideran), que es lo que se llama envidia, egoísmo.

Entre los seres humanos hay personas que por sí mismas son capaces de abandonar la competición, de ceder espacio para los demás y a entregar lo mejor de sí en función del bien común, y hay cierta cantidad de personas que pueden ser enseñadas, impulsadas a ser así. Hablo con pleno conocimiento de estas personas porque las conocí en cuerpo y alma.

El Che Guevara habló en
"El Socialismo y el Hombre en Cuba" (publicado aquí como un apéndice a la biografía del Che) de este tipo de persona, pero se abrogó el derecho de broquelarlas por la fuerza y declaró que el partido comunista sería el tornero, aunque calló sobre el destino de los que no quisieran ser broquelados.

El hecho es que la mayoría de las personas no sólo no son así, sino que ni pueden ser inducidas a serlo. El tipo de personas capaces de hacer funcional una sociedad comunista utópica, una comunidad cristiana primitiva, o un kibutz, es una minoría.

La segunda razón, imbricada de modo inextricable con la primera, reside en la existencia de la ley piramidal, que rige no sólo al ser humano, sino al Universo, y que se aplica a la estructura de los seres compuestos.

Hablando en plata, que los hormigueros, las manadas, jaurías, grupos de monos, etc., presentan una estructura jerárquica piramidal de la que no podemos evadirnos. A medida que la sociedad humana aumenta en número, la sociedad se hace más compleja y así ocurre también con la Jerarquía, proceso que se le olvidó analizar a Marx y que dio origen a que en todos los países donde se implantó el marxismo o cualquier sucedáneo, se crearon Estados Faraónico o Incanatos, con
"realezas jerárquicas" y Reyes de Nuevo Cuño, incluso a veces con herencia familiar de los Nuevos Reinos (Corea del Norte y Cuba).

El Che Guevara advirtió también en el escrito citado de este peligro hablando de
"futura" corrupción de los funcionarios, pero le debió llamar no futura, sino inevitable.

Y es que si usted le suma el egoísmo de la mayoría, al hecho de que esa mayoría va a formar parte mayoritaria de esa Jerarquía, usted inevitablemente obtendrá una sociedad, como dijo Orwell, donde algunos animales van a ser más iguales que otros, y eso carcome el ideal por la envidia que genera no sólo a la mayoría incapaz de sublimarse, sino incluso a los que sí son capaces y ven como su esfuerzo lo que hace es levantar sobre sí una nueva generación de capataces hipócritas que dicen una cosa y practican otra.

No hay forma de resolver este dilema.

Ninguna revolución, ninguna sociedad, lo ha resuelto nunca.

El dilema no se puede resolver con los seres humanos con que contamos.

Quizás algún día mediante la clonación y las máquinas inteligentes se pueda obtener algo parecido, pero lo que sí se puede afirmar sin duda alguna, es que esa sociedad ya no sería humana, o al menos nos sería totalmente ajena.

Pero como te digo una cosa, te digo esta otra: para defender al marxismo después del derrumbe del campo socialista hay que hacer malabarismos y piruetas tan peligrosas que ya muchos se deben de haber desnucado.

¿Qué es lo que los hace persistir después de la debacle?

Pues la fe, monda y lironda.

¿No hay quien se inmola por sus creencias, entre ellas la que lo espera un paraíso con no sé cuántas vírgenes?

Pues para mantenerse creyendo en el marxismo hay quien dice que fue deformado por Stalin y espera que un nuevo Mesías rescate el original marxismo-leninismo. Hay quien cree que Trotsky fue ese mesías. Hay quien va más allá y dice que Lenin adulteró el marxismo, que es en las sociedades más desarrolladas donde se tiene que implantar. Hay quien dice que en el campo socialista no se implantó el socialismo, sino el estatalismo (desde luego que no indican con qué varita mágica se puede eliminar el Estado). Umpiérrez dice que del marxismo lo que vale es el Capital, hay otros que el Marx joven es el que vale, etc., etc., etc.

La realidad real es que la fe no muere fácil.

Así de simple.

No es que sean tarugos, ni sufran de una patología, ni sea dráculas vestidos de frankestein.

Son seres humanos.

Como tú y como yo, que no nos ponemos de acuerdo en si fe es una emoción o no.

Saludos,
Arnoldo


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