ARNOLDO ÁGUILA
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Sobre la génesis del sentido común.

autor: JCM



En mis andanzas por los Foros de INTERNET, y en uno determinado, se comentaba por los diferentes interlocutores, si las reflexiones que se exponían tenían o no “sentido común”. El repetido uso de tal aserto por los contertulios, hizo que se propusiera como tema un análisis sobre qué entendíamos por “sentido común”. De aquél primer análisis que hice, así como de su maduración posterior, vienen estas líneas:

Descartes solo se aproximó a la magnífica visión de Jacobs Max sobre el sentido común; éste último define que “el sentido común es el INSTINTO de la verdad.”, definición enormemente acertada, de la que estas líneas intentan mostrar la gran profundidad que encierra.

Y es que lo que conocemos como instintos en los animales, son comportamientos que se han ido repitiendo generación tras generación, traduciéndose a grabaciones genéticas por la mecánica de la selección natural en el transcurso de millones de años, configurándose como un sistema operativo que se ha ido perfeccionando a medida que era premiado con la supervivencia, y coincidiendo en los primates con una particular evolución del cerebro que desemboca en el género homo, tras unas características embriológicas y pos natales especialmente largas.

Veamos ahora, q ocurre desde el punto de vista del desarrollo cerebral.
El cerebro de un orangután recién nacido pesa unos 340 grs., mientras que en su madurez llega a los 350 grs. El cerebro de un chimpancé adulto llega a los 380 grs., mientras el del gorila adulto es de 540 grs.


Cerebro gorila adulto

554

cm3

540

grs

Cerebro orangutan al nacer

349

cm3

340

grs

Cerebro orangutan adulto

359

cm3

350

grs

Cerebro chimpancé al nacer

128

cm3

125

grs

Cerebro chimpancé adulto

390

cm3

380

grs

Cerebro Lucy al nacer

162

cm3

158

grs

Cerebro Lucy adulta

415

cm3

404

grs

Cerebro Humano al nacer

384

cm3

374

grs

Cerebro Humano adulto

1350

cm3

1315

grs


En nuestra especie, un poco más de la mitad de la formación del cerebro ocurre durante la gestación, pesando al nacer 350 grs. Al terminar el segundo año de vida se llega hasta el 90%. Y el resto entre los dos y los 3 años de edad. A partir de ahí, el crecimiento es a base del volumen celular, y no del nº de neuronas, el cual comienza a disminuir durante el resto de la vida del individuo.

Ese hecho pues, de que en nuestra especie el desarrollo del cerebro prosiga intensa y largamente después del nacimiento, tanto anatómicamente como almacenando datos que capta del entorno, introduce una diferencia específica respecto a nuestros cercanos parientes que nacen con casi todo el cerebro desarrollado, y que rápidamente lo completan para poder sobrevivir. Es decir, existe en nuestra especie una fase de interrelación entre esa terminación anatómica (hardware) y la marcación neuronal y almacenamiento proteínico de las percepciones (software), que no tienen las demás especies cercanas a nosotros, y ello durante casi el 50% de terminación de la formación del cerebro.

En las demá
s especies, y por cuestiones de supervivencia inmediata, el individuo nace con unas características somáticas ya formadas (cerebro inclusive), y con la mayor parte del “software” impreso en sus genes: no hay lugar al aprendizaje,...el ordenador debe funcionar al 100% inmediatamente,....es la forma de sobrevivir.

En resumen, en el caso de nuestra especie, esa última configuración neuronal del cerebro está influenciada e interrelacionada por más tiempo con la casuística del entorno, dando como resultado un sistema lógico más complejo: tal parece como si “la herramienta” se puliera y perfeccionara con su uso, al mismo tiempo que se va completando aquella.

Es pues muy posible, que en nuestra especie las experiencias causa/efecto de esa etapa inmediata al abandono del claustro materno, esa constatación de que las mismas causas, producen o requieren las mismas respuestas, interactúe de alguna manera con esa última configuración de nuestro cerebro, formando, marcando, y acentuando definitivamente determinados caminos neuronales, dando como resultado la facultad de que estamos hablando: ese conocimiento básico o instinto primigenio para reconocer no solo las verdades evidentes, sino que a través de experiencias posteriores, repetitivas, y exitosas o erróneas, poder intuir la opción favorable de un abanico de posibilidades.

La construcción de tal herramienta, sistema lógico o “sentido común”, terminaría entonces con la configuración definitiva del cerebro, limitándose en el futuro a un continuo almacenamiento de datos, y a la aplicación de ese sistema operativo a las diferentes im-presiones llegadas a nuestro cerebro, resolviendo precisamente las peticiones de respuesta que se produjeran. De todas formas, no habrá que descartar algún cambio posterior en ese sistema operativo así adquirido.....

Naturalmente, ese sistema lógico se va a formar a partir de las percepciones del entorno, y del éxito o error de las respuestas que se coleccionen, es decir, de la interrelación o comportamiento con y de los demás miembros de su entorno, muy principalmente por tanto, de la cultura en que esté inmersa la maduración de ese cerebro.

Una de las implicaciones que tiene lo anterior es, que ante fuentes educacionales diferentes (diferentes culturas) que rodeen al recién nacido, los resultados finales presentarán diferencias, es decir, deben existir diferencias cualitativas en el “sentido común” entre el individuo medio de las diferentes culturas, lo que parece que efectivamente ocurre. A raíz de lo anterior, se deduce que las culturas deformantes engendrarán sistemas lógicos consecuentes con aquellas.

Lo dicho hasta ahora se aprecia bien en el fenómeno de los llamados “niños-lobo”, en que el niño recién nacido y abandonado a su suerte en la selva, era recogido y criado por lobos, u otros animales, formándose ese inicial sistema lógico en la “cultura” de esos grupos, dando como resultado un “sentido común” totalmente diferente del nuestro. Generalmente, estos niños eran difícil y relativamente recuperables, de comportamiento muy similar al de los autistas, de los que hoy se sabe que estos últimos poseen neuronas que parecen inmaduras, al no haber emigrado a los lugares donde deben estar para cumplir sus funciones: los estudios muestran que se produce un error en las últimas fases del desarrollo cerebral.

Quizás con la visión del enfoque anterior, podamos entenderlo

Se deduce igualmente, que el sentido común y los conocimientos de una persona son dos cosas bien diferentes, pues una vez adquirido aquél, nos acompañará de por vida con su carácter de bondad o deficiencia (muy difícil superar sus defectos), mientras que los conocimientos podemos incrementarlos de por vida. Así podemos encontrarnos con personas muy documentadas, pero verdaderos ceporros funcionales, y otras con un saber vulgar, pero de juicio acertado y ecuánime,…e incluso brillante.

Por ultimo y después de leído lo anterior, puede comprenderse el éxito de los fundamentalismos que han existido y llegado hasta nuestros días, así como el de los nuevos que nacen copiando su estrategia, al ver cómo su adulterada cultura incide sobre esa primera etapa tan esencial de la génesis del sentido común, completándose la aberración, con el derecho para “guiar” el proceso “educativo” de los individuos del País de que se trate.

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Posteriormente de enviar las anteriores reflexiones a bastantes interlocutores, observo por sus críticas o falta de ellas, que no concluyen en algo evidente y muy importante que se desprende de las mismas, como es el hecho de la enorme importancia que tiene la posible interacción de comunicación que se establezca entre el niño y su entorno en esos primeros tres años de su vida, pues de ello va a depender el mayor o menor desarrollo de ese sistema lógico primario que llamamos “sentido común”, el órgano digestor de la información de los conocimientos posteriores, así como posible impulsor de las consecuencias de su digestión.

Después de leer hasta aquí, es fácil concluir lo conveniente, importante, y diría que trascendental, de la asistencia a guarderías por parte de los pequeños, y que la calidad de éstas es fundamental para el futuro de su existencia. Diría que esa calidad es incluso mucho más importante que la de los futuros colegios a los que pueda asistir en futuros periodos posteriores, ya que en esa primera etapa (cero a tres años), el niño no está sujeto a la deformación de los medios audiovisuales, problemas hormonales, conciencia de su “locus”, etc., por lo que va a aprovechar íntegramente todas las posibilidades que le conceda esa primera educación,…y aquí que va a resultar básica, e inapelablemente única.

La Sociedad ha establecido como etapa más importante para la formación del individuo, la inmediatamente posterior a la niñez, es decir, aproximadamente ese periodo entre los cinco y los veinticinco años, entendiendo que la primera, comprendida entre los cero y cinco años, es una etapa de “simple espera”. Mientras que para la etapa posterior a los veinticinco, se plantea una simple explotación de lo que ha llegado a saber el individuo.

¡Craso error!. Llegamos así, a que hasta ahora, se ha tenido sin importancia a lo más fundamental, mientras se estimaba como fundamental al almacenamiento de datos y su metabolización.



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1.    
 
El hombre ha experimentado un proceso de evolución, pertenece a los primates, los cuales iniciaron su evolución en el Paleoceno como mamíferos primitivos arborícolas, hace alrededor de 65 millones de años, mientras que el antecesor propiamente dicho del hombre surgió en el Mioceno, periodo terciario de la Era Cenozoica.


EVOLUCIÓN HUMANA.

En la actualidad, se considera que el humano evolucionó de una línea directa de los primates, se cree que él y algunos primates tienen un antepasado común que fue cambiando durante millones de años. El orden de los primates incluye a los lémures, los monos, los antropoides y el ser humano.

El conjunto de cambios que, durante varios millones de años, hicieron evolucionar algunos superiores hasta diferenciarse y constituir la especie humana se conoce como hominización.

Nuestros antepasados pertenecen a la familia hominidae. Los homínidos continuaron su evolución como individuos erectos y terrestres.

El ser humano y los antropoides probablemente evolucionaron a partir de un primate muy parecido al chimpancé moderno, el procónsul, que vivió hace unos 25 millones de años. De él surgieron dos líneas evolutivas. De una, derivaron los póngidos y los gigantopitecidos actualmente extintos.

Austrolophitecus: los científicos sostienen que el primer hominido, antepasado del ser humano actual fue este, nero procedente de las sábanas africanas, donde se han encontrado los fósiles humanos más antiguos, era pequeño (más que las personas actuales pesaba unos 40kg, tenia aspecto simiesco, con la cara corta y ancha, la frente muy pequeña, las mandíbulas muy robustas y poco prominentes y dientes fuertes.

Homo Habilis: en 1964 se hallaron los restos de un hominido; se le consideró el primer usuario de herramientas que se encontraron en el mismo sitio. El cuerpo del homo habilis era menos pesado que el de los austrolophitecus, tenía un cráneo con una capacidad cerebral de 670 a 770 cm³, mentón retraído, dientes pequeños, rasgos simiescos menos acentuados y caminaba erguido. Se cree que estos hominidos surgieron de cierta población de austrolophitecus.

Homo Erectus: los científicos dieron este nombre a los fósiles de hominidos que flutúan entre las edades de 1.5 a 0.5 millones de años, los rasgos del homo erectrus eran distintos a los del austrolophitecus y más aproximados a los del ser humano actual; su cuerpo estaba perfectamente adaptado a la postura erguida y a la locomoción de dos pies, la frente inclinada, ausencia de mentón y las mandíbulas pesadas y protuberantes.

Homo Sapiens: hombre de Neanderthal, que apareció en Europa, Asia y África.

El hombre del Neanderthal era poderoso y de corta estatura, vivía en un ambiente rigurosamente frío, construyó armas eficaces, cazo grandes animales para su alimentacin y enterró a sus muertos con ceremonias. Su cerebro era tan grande o más que el de un humano actual, su avanzada cultura sugiere que era inteligente.

Las primeras personas semejantes a las actuales, pertenecen a la especie Homo Sapiens Sapiens