ARNOLDO ÁGUILA
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BIOGRAFÍA O RADIOGRAFÍA DE ERNESTO "CHE" GUEVARA: EL MITO DEL SIGLO VEINTE
        

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Si hay una figura que se ha convertido en un verdadero mito del siglo pasado, esa figura, sin duda alguna, es la de Ernesto Guevara de la Serna, alias "Che", nacido el 14 de Junio de 1923 en la ciudad de Rosario, Argentina.

Sin embargo, este hombre que pasó a la historia universal como un Robin Hood moderno, como un santo de la Revolución, no es un hombre de una pieza, como sí lo es Fidel Castro, sino que él fue dos hombres en uno, muy diferentes el uno del otro, como iremos demostrando. Y eso facilita mucho el hecho de que los apologéticos vean en él tan sólo su dedicación sublime, franca y sincera a su causa, la causa de los pobres y desvalidos, y que los detractores vean tan sólo su frialdad e inhumanidad en la consecución de sus objetivos: ambos puntos de vista son válidos, porque se refieren a dos hombres distintos con un mismo ropaje carnal. Él dirá en un ensayo que escribirá ya en el cenit de su carrera, racionalizando esa inhumanidad que él sabe existe en él: "
Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría, y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita."

Ese amor indivisible es, sin dudar un momento, una creación de la imaginación de índole mística, un artilugio cerebral para preservarse de la fealdad inhumana de las decisiones que toma un "revolucionario de vanguardia", que no puede "descender" de la altura en la que él mismo se coloca, hacia la pequeñez del hombre "común", quien duda, por ejemplo, en quitarle la vida a sangre fría a otro ser humano, sobre todo, o al menos debiera ser así, cuando se piensa que no hay otra vida, cuando se piensa que se le va a quitar la única vida que tiene al susodicho infeliz. El Che dice y lo probó, que a él no le tiembla ni un músculo en esas circunstancias. Él fue el que mató a sangre fría al primer cubano ajusticiado por el incipiente Ejército Rebelde. En una carta a su padre ya le había hablado de su sed de sangre y cuando ya era internacionalmente conocido en su "Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental" dirá "El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar".


Por otra parte, la contrapartida con Fidel Castro hay que hacerla en todo momento, porque Ernesto Guevara no hubiera llegado a ser el "Che" en la historia, sino es porque se montó en el tren que dirigía Fidel.

A diferencia de Fidel, que fue un niño bastardo, concebido fuera del matrimonio legal y resentido por esa situación, Ernesto Guevara fue un niño querido y mimado, con una familia dispuesta a sacrificarse a sí misma por las necesidades de un hijo marcado por la enfermedad, porque la debilidad biológica del infante lo hizo propenso a enfermedades respiratorias que cuajaron en un asma crónica y violenta.

El padre, Ernesto Guevara Lynch, un culto ingeniero de ideas socialistas, alejó a Celia de la Serna del servicio de Dios como monja, aunque también el padre de ella había sido un militante radical. Fue pues, el ambiente familiar que rodeó al futuro "Che", un ambiente altamente politizado. La Guerra Civil Española era tema frecuentado en las tertulias familiares y Ernestico no sólo tenía en su habitación un mural donde seguía paso a paso el desarrollo de la guerra, sino que había construido con sus amigos una línea de trincheras en un terreno cercano para jugar a "la guerra española". Más tarde acompañaba a su padre a los actos de una asociación anti-nazi como miembro juvenil.

Es ésta la fragua del "Che" que brilla al sol, del ser humano interesado por los que sufren, que de niño no se come a los pollos "porque son muy pequeños y no se pueden defender", este es el ser humano que comparte con los pobres, que estudia y se supera, que en las fiestas saca a las más feas, porque nadie las saca: la parte oscura es la que sufre el asma y aprende a sobrevivir ese martirio, que empieza a crear una voluntad ascética de autodominio, que no es más que el castigo de la debilidad propia odiada en sí y en los demás, a despreciar a la muerte con la que él tuvo una cita diaria desde niño, y este sobreponerse cotidiano a la propia debilidad es un arma que puede ponerse al servicio de cualquier fe, de cualquier creencia, buena o mala y responde por entero a la emoción de poder, de conquista; en este caso, de la enfermedad, de la debilidad propia.

¿Qué es el asma?

Los que no han padecido esta enfermedad o algo parecido tienen que hacer un esfuerzo para comprenderla. Yo la comprendo porque tuve una vez una bronquitis asmática con sólo siete toses en mi haber.

Tosía y me quedaba sin poder reiniciar la respiración durante segundos eternos, en los que la muerte por ahogo o apendejamiento tocaba a mi puerta.

Tenía que llevar conmigo un dilatador branquial y bajo el galope del miedo beber la pócima que transformaba el ahogo total en respiración trabada y silbante.

Un ataque de asma es mucho peor y dura mucho más y si se hace crónica se puede hacer un fardo paralizante para toda la vida.

Pero el asma también lo empuja a leer y el padre disponía de una gran biblioteca. Aprendió a jugar ajedrez y en 1939 conoció a Capablanca, uno de los genios más grandes del ajedrez de todos los tiempos.

Es importante subrayar esta cualidad intelectual del futuro "Che", que cuando ya es un dirigente en Cuba propugna el desarrollo del ajedrez en Cuba, organiza el Primer Torneo Interestatal por equipos, en el cual jugué por el Club Juvenil de la Víbora, compite en los torneos internos del Ministerio que dirige y juega con un amigo mío, con el que sostiene una discusión teórica. A pesar de que pierde en la práctica, cuando lo vuelve a ver le repite que él está en lo cierto; es decir, es un intelectual de convicciones tercas o firmes, depende de cómo se quiera ver.

Uno de los Ernestos es un intelectual que piensa, que sabe organizar su pensamiento para exponerlo en diarios, en cartas a los familiares, en ensayos sobre la guerrilla y sobre el socialismo en Cuba, al contrario de Fidel, que es un gran orador, pero no sabe hacer ensayos, porque el ensayo presupone un rigor lógico del que él carece. La lógica es la censura social de la imaginación y si bien el Ernesto intelectual es capaz de aceptar esa censura porque fue mimado por una familia amorosa y sabe disciplinar por lo tanto la expresión de lo que piensa, Fidel es un indisciplinado que no es capaz de aceptar la lógica de una sociedad que lo hirió con los prejuicios sociales de la época, pero que sabe muy bien como ponerse en sintonía con quien lo escucha. Donde Fidel memoriza libros, Ernesto los razona; donde Ernesto expresa sus pensamientos aceptando las normas de tales expresiones, Fidel habla durante horas y sus discursos, si bien muestran cierta coherencia interna y reaccionan al entorno, desobedecen las normas de coherencia sucesiva: cada discurso es un mundo aparte que donde dijo "digo", luego en otro discurso dirá "Diego"; en un discurso dirá que la Revolución Cubana es tan verde como las palmas, para negar la acusación de que es roja, comunista, y en otro dirá que es comunista. Con las contradicciones de los discursos de Fidel se puede hacer un libro completo. El "Che" siempre dirá lo que piensa y es coherente, Fidel siempre dirá lo que le conviene.

La atracción por la carrera de medicina puede haber obedecido a su condición física asmática, a la muerte de su abuela por un derrame cerebral, o por su tendencia a mitigar el dolor ajeno, pero la característica más notable de su personalidad no fue esa, sino el hambre de novedad que lo empujaba siempre a nuevos espacios: es un viajero incansable.

Recorrió las provincias con Alberto Granado en 1950. Como enfermero en un buque del estado recorrió la costa Argentina, Brasil, Venezuela y Trinidad y ya se familiarizaba con Marx y Engels. Quiso casarse con Chinchina Ferreira, pero fue rechazado por la familia por sus convicciones políticas.

En 1951 realizan un recorrido por América Latina -Chile, Perú, Brasil y Colombia- país éste del que fueron deportados a Venezuela.

El Ernesto aventurero, y como todos lo aventureros, adicto cada vez mas a la adrenalina, olvida su menos fuerte interés por la medicina y decide viajar a Guatemala para conocer la revolución de Jacobo Arbenz. Allí se encuentra a la peruana Hilda Gadea, que había tenido que abandonar su país por la dictadura de Odría. Aquí participa en la Alianza de la Juventud Democrática. Y es aquí donde las circunstancias casuales le abren el camino de la inmortalidad, porque en 1954 conoce a Antonio López Fernández, que pasaría a la historia cubana como Ñico López, participante del ataque al Cuartel Moncada capitaneado por Fidel Castro y llevado a cabo el año anterior.

Cuando el gobierno de Jacobo Arbenz fue derrocado, Ernesto finaliza en Méjico, y fue presentado por Ñico López a Raúl Castro, y posteriormente Raúl lo presenta a Fidel. Después de horas de conversación y de identificación ideológica, éste lo acepta en el grupo expedicionario que será entrenado militarmente por el coronel español, veterano de la Guerra Civil española, Alberto Bayo.

El 18 de agosto de 1955 se casa con Hilda Gadea, después se casará de nuevo. Baste decir a este respecto que fue enamoradizo y tuvo varias amores, y que nunca dudó dejarlos atrás sin que le temblara un músculo, porque él no fue, en modo alguno, un hombre común.

El 25 de Noviembre zarpa en el yate "Granma" para iniciar su viaje a la historia. ¿Si Ernesto Guevara no conoce a Fidel, si Fidel no lo acepta en su expedición, se hubiera convertido en el "Che"? La respuesta es "No". Al Che le faltaban las condiciones políticas indispensables para ser un líder por sí mismo: El "Che" era demasiado franco, demasiado sincero.
Un excelente líder detrás de otro líder. Un líder absoluto debe ser capaz de transigir, de negociar, de involucrar al mayor número de personas en su proyecto, excepto en el caso de los líderes místicos, religiosos.

Sin embargo, su autodominio inflexible, casi inhumano, lo convierte en uno de los primeros ejecutores personales de la pena de muerte; el ser el primero en dar el ejemplo, a pesar de su enfermedad, lo convierte en alguien casi imposible de seguir y así va tallando su leyenda.

Cuando Fidel decide formar una nueva columna lo pone a él al frente de ella. Y es que en la primera parte de su existencia política, cuando era realmente necesaria esa cualidad, Fidel sabía evaluar muy bien la capacidad de sus seguidores.

El "Che" crea un periódico, "El Cuba Libre", pero su aporte más descomunal a la lucha guerrillera fue la creación de "Radio Rebelde", la emisora clandestina que galvanizó a Cuba, y que Fidel trasladaría a su mando poco después. Más tarde, después del triunfo, crearía "Verde Olivo". una revista de los soldados y "Prensa Latina", una agencia de noticias para Latinoamérica. El guerrillero que aportó más, entre todos los subalternos de Fidel, fue sin suda alguna, el "Che", por su condición intelectual.

Pero al lado de esa condición creativa debemos señalar los innumerables fusilamientos que se produjeron en La Cabaña, en la que él era el Jefe, sin debido juicio. El crimen más grande de la Revolución Cubana, y por ende, del Che, fue la aplicación de la ley Penal de la Sierra, un papel de apenas dos páginas donde se establecía el principio de la condena por convicción moral de los jueces -no por pruebas- y la falta de recursos de la defensa.

Un ejemplo innegable de la falta de justicia que se entronizó en Cuba al triunfo de la Revolución fue el juicio colectivo a los aviadores. En el primer juicio fueron declarados inocentes, no obstante Fidel ordena un SEGUNDO JUICIO en contra del sacrosanto principio jurídico de que nadie que sea declarado inocente puede ser juzgado por el mismo delito dos veces. El comandante de la Revolución Peña, que había presidido el primer juicio, se suicidó a resultas de esta barbaridad.

¿Cómo es posible que un ateo que no crea en la otra vida sea tan dado a eliminar la vida de otra persona?

Para los no creyentes esa es una decisión mucho más tajante, y debiera crear en la persona un mayor respeto tanto por la vida ajena como por la propia.

Eso no funciona así debido al sentimiento de poder, de conquista, sentimiento que algunos humanos poseen de forma exacerbada, sobre todo los supervivientes, los grandes sobrevivientes de odiseas, como Fidel y el Che.

La gran diferencia de Fidel y el Che radica en otro sentimiento, el de potencia, raíz del humor y de un narcisismo abstracto: Fidel no tiene ningún sentido del humor y el Che, sí.

Desde niño el Che lleva diarios.

¿Para qué se llevan diarios?

Para recrear con mayor fidelidad lo que uno ha vivido.

Yo tenía una libreta a la que transcribía todas mis partidas de ajedrez. Uno de los objetivos era aprender de mis errores, otro preservar para mi mismo mis producciones y por último, recrearme en mis aciertos; es decir, sentirme potente, ejercitar un narcisismo no hacia mi parte física, sino a mis realizaciones.

El Che fue desarrollando desde niño un gran complejo de superioridad y en Fidel es irrelevante si lo tiene o no. Fidel confunde memoria con sabiduría, y no se puede confundir el super egoísmo que él tiene con complejo de superioridad. El Che, a la inversa, no era egoísta.

Pero para entender por qué afirmamos que el Che sufría de un complejo de superioridad, tenemos que entender dos cosas: el impulso perenne del Che y las cualidades específicas del proceso cubano.

Lo que movió a Ernesto Guevara toda su vida fueron dos cosas: el hambre de novedad de nuevos espacios y de ahí sus incesantes viajes y su triunfo repetido una y otra vez sobre sí mismo, sobre su enfermedad. Él no se ve de otra manera: se ve como un viajero incansable y como un triunfador.

Me recuerdo como si fuera hoy de un día, cuando yo estaba en la sala de mi casa en el Vedado y acompañado de un ruido fuerte, la luz pestañeó en mi casa. Me asomé y debajo, yo vivía en un primer piso, vi al Che de pie al lado de un vehículo, que al parecer acababa de tener un accidente. Él iba conduciendo. Las escoltas que venían en carros detrás de él se bajaron corriendo y él les contestó que estaba bien, que el chofer estaba detrás y de inmediato preguntó por su boina. Los escoltas no entendieron bien la urgencia de ese pedido y él tuvo que repetir varias veces ese pedido hasta que se la encontraron y se la dieron. Y cuando la tuvo en su mano se la encasquetó enseguida.

A mí se me quedó grabada esa insistencia por la boina.

Y es que los símbolos juegan gran parte en la vida, incluso de aquellos que son materialistas, ateos.

Para Fidel el uniforme verde olivo significa parte de su imagen pública, es un efecto calculado de su negocio del poder. Por ese mismo negocio, por ese mismo cálculo, ha sido capaz a veces de prescindir del uniforme.

En el caso del Che lo veo de otra forma, como una imagen, sí, pero de sí mismo, de como él se veía a sí mismo.

Hay que ubicarse en que el grado máximo que se otorgaba en la insurgencia era el de comandante y que la boina era negra. Cuando el proceso comienza a "institucionalizarse" y los comandantes empiezan a pasar por escuelas militares, cambian la boina negra por una verde olivo. Pero el Che no cambió nunca su boina. Es por ello su urgencia por la boina en el accidente. La boina es su decisión de mantenerse cómo es él, de seguir su futuro sin traicionarse.

En "El Socialismo y el Hombre en Cuba", el Che dice: "
Claro que hay peligros presentes en las actuales circunstancias. No sólo el del dogmatismo, no sólo el de congelar las relaciones con las masas en medio de la gran tarea; también existe el peligro de las debilidades en que se puede caer. Si un hombre piensa que, para dedicar su vida entera a la revolución, no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falte determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción. En nuestro caso, hemos mantenido que nuestros hijos deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario."

Desde luego, ése no era el camino de Fidel, los dirigentes en Cuba tienen acceso a lo que ningún cubano de a pie tiene acceso, pero para el Che es natural auto controlarse, el ascetismo. Todas las religiones han tenido personajes como el Che: el Che es un asceta de la Religión Comunista.

Ya siendo Ernesto Guevara de la Serna, el "Che", una figura mundialmente conocida, que ha ocupado diversos cargos dentro de la Revolución Cubana y que ha viajado por el mundo entero representándola, decide continuar su camino y he aquí que lo traiciona su tremendo complejo de superioridad. En un ensayo dice: "Quien abre el camino es el grupo de vanguardia, los mejores entre los buenos, el Partido." Note lo que puse en cursiva.

Pero analicemos la realidad.

En Cuba él fue a luchar bajo condiciones políticas ya creadas. Batista había roto la continuidad política. Fidel había llamado la atención pública sobre sí mediante un ataque romántico y absurdo en contra de un cuartel. Era conocido el documento "La Historia Me Absolverá", que había sido el discurso de defensa de Fidel ante el Tribunal que lo había juzgado. En toda esta parte del proceso Fidel había ocultado la naturaleza marxista, comunista que lo guiaba. Yo invito a cualquiera a que encuentre algo comunista en ese discurso.

Por esa desmoralización del régimen batistiano la resistencia que encontró la guerrilla nunca fue muy fuerte y la ayuda que recibieron los insurgentes fue grande.

Es decir, existía la situación revolucionaria, el ambiente necesario para hacer una insurrección. La gente no pone sus vidas a disposición de una aventura, si no existen las condiciones propicias y si no se reconoce un liderazgo adecuado.

El Che de esas pocas nueces escribió ensayos sobre cómo debía operar toda guerrilla y se va, señor mío, AL CONGO a pelear. Benigno, Dariel Alarcón, ametrallador, segundo jefe de vanguardia y cocinero en la última cruzada del Che, ve las cosas de otra manera. El Che en Argel en 1961 alertó sobre el imperialismo soviético y la necesidad de emprender la vía guerrillera. Cuando el Che salió para el Congo a pelear le entregó la carta de despedida donde renunciaba a todos sus cargos y a la ciudadanía cubana, para que fuera leída cuando él muriera, pero Fidel no esperó ese hecho y la leyó en una concentración pública. Cuenta Benigno que "le vimos zapatear el suelo con ira y comparar a Fidel con un nuevo Stalin". El movimiento fracasa, porque de ninguna manera se podía pensar que las condiciones que existieron en Cuba eran de carácter universal, y poco después se dirige -es enviado- a Bolivia donde lo primero que hace, según una versión, es pelearse con el jefe del Partido Comunista de Bolivia, Mario Monje, quien como es natural quiere que su Partido dirija la lucha en su país, pero quizás el Che se creía tan arriba de todo que él no necesitaba ayuda de nadie. Denuncia Benigno que "Fidel acordó con la Unión Soviética y con el Partido Comunista boliviano enviar al Che a morir a la selva de Bolivia. La desaparición del Che fue un alivio para muchos", y que por ello, Mario Monje, el líder comunista de Bolivia, llegó tarde a la cita, sólo para decir que no habría apoyo ni infraestructura. Dice Benigno: "Al campamento de Ñancahuasu venía Fidel a instruirnos para morir, nos visitaba todos los fines de semana, hasta hacía de cocinero. Quería hacernos la vida agradable para que le creyéramos mejor tal vez, y nos decía que en Bolivia nos convertiríamos en mártires de la patria y otras cosas que sonaban igual de lindas y profundas. Nos invitaba a la muerte, por la Revolución."

No es raro en Fidel hacer tales cálculos, porque él considera la muerte de cualquiera que le rodee como una simple cifra en su fórmula de poder. Y es verdad que el Che, con su ascetismo fanático, su delirio de grandeza y sobre todo, su arraigo popular, era un riesgo para su poder, y cuando menos, un obstáculo importante para la absolutez de ese poder. Pero también es cierto que al Che, por su complejo de superioridad, le era imposible darse cuenta o reconocer que estaba equivocado, aunque en ello le fuera la vida, porque él estaba muy por arriba de esas minucias.

Hay que darse cuenta de que en Cuba existía un Movimiento 26 de Julio que cubría toda la nación y que otras organizaciones, la mayoría del pueblo, los apoyaba también. ¿De dónde sacó el Che los equipos de Radio para montar en la Sierra la estación Radio Rebelde? Al Che se le había olvidado o menospreció por completo la ayuda que venía de todo el país hacia las sierras cubanas. Se siente tan superior que descarta en un exhabrupto a los comunistas que viven en Bolivia (o si Benigno está en lo cierto, su orgullo no lo deja retirarse), y permanece luchando en un lugar donde él y los que están con él, van a perecer. Si esto no es un enorme complejo de superioridad es estupidez y el Che nunca fue un estúpido, al contrario, fue un hombre inteligentísimo. Pero el hombre que escribe que los vanguardias no pueden permitirse las emociones del hombre "común", que los del Partido son los mejores entre los buenos, que hay que crear un "hombre nuevo", lo que implica que hay alguien que los crea y entre esos creadores está por supuesto él, es un elitista de marca mayor, un hombre que se cree mucho mejor que todos. Y aún cuando diga, según Benigno, "Bueno, muchachos, aquí no hay nada que hacer. El que quiera puede salir por Chile como acordamos para casos de invalidez. Nadie les considerará traidores", el hecho de que él iba a permanecer de todas formas era una manera de decir en la lógica del orgullo "revolucionario" o "machista" que todos ellos serían unos pendejos si lo abandonaban. Si él hubiera de verdad sentido lo que decía, les hubiera "ordenado" o los hubiera "conducido" hasta cerca de la libertad y hubiera regresado él sólo. El podía dar por descontado, por la forma en que lo dijo, que nadie se iba a "rajar".

Pero la experiencia de este hombre común, de este que escribe estas líneas, y que se siente honrado cuando le tiemblan los músculos o le parpadea una lágrima por el dolor de un ser querido, es que, por regla general, uno se valora a sí mismo muy por arriba de lo que en realidad es. Y que mientras más alto se valora un individuo, está más propenso a equivocarse.

Aunque me duela reconocerle valores al tirano de Cuba, el Che, como lider por sí solo, jamás alcanzó a ser la chancleta de Fidel. Fidel siempre se caracterizó por crear una imagen sencilla, campechana, de sí mismo, y hacía lo indecible por atraerse la buena voluntad de todos. Es verdad que Fidel posee un Mega "Yo", pero es un genio político, y en política no se obtiene por primera vez lo que se quiere, sino lo que se puede.

El Ché ERA DEMASIADO ÉL Y DEMASIADO SINCERO. El "Che" no había aprendido nada de la capacidad negociadora de Fidel, de la capacidad de atraer gente para la causa.

Obviamente contra un ejército que sí luchaba, sin apoyo local, y con la etiqueta comunista en la boina, el Che no podía triunfar de ninguna manera. Lo más probable es que él ya se había dado a sí mismo el papel de mártir.

El 8 de Octubre de 1967 la columna del Che es diezmada en la cañada del Yuro, siendo capturado. El 9 de octubre es ultimado en la escuela de La Higuera.

El carácter dictatorial de la doctrina que él propugnó está más que demostrado.

Él sólo vivió los primeros años de entusiasmo de las "masas".

Yo viví entre esas masas admirándolo, tratando de imitar a alguien que sabía inimitable.

Por ser revolucionario, intransigente consigo mismo.

Por ser franco y sincero como no lo eran los demás dirigentes.

Por ser ajedrecista, por ser intelectual.

Sufrí de esa "coacción social" en el barrio donde vivía, por no ser colectivista del todo, por no hacer la vida comunitaria total que me reclamaba la Revolución.

Poco a poco la coacción social se incrementaba y el "trabajo voluntario" cada vez lo fue menos.

Poco a poco el individuo perdía su individualidad y se iba convirtiendo en una pieza de ajedrez que podía ser sacrificada en cualquier momento.

Todavía recuerdo la orden que le dio Fidel a los trabajadores de la construcción que estaban en Granada de que se sacrificaran sin motivo alguno, ante la invasión americana a aquella isla.

Todavía recuerdo cómo los miembros del Noticiero Nacional de Televisión se levantaron con el himno nacional, dando por hecho el sacrificio de esos trabajadores que habían ido a fabricar un aereopuerto en Granada.

En aquel entonces yo todavía era revolucionario, pero no podía creer que los cubanos fueran tan borregos como para sacrificarse tan sólo porque Fidel lo mandaba en una situación tan absurda.

Fue un choque para Fidel comprobar que él ya no podía mandar cualquier cosa a cualquiera.

Ni Fidel ni él, como todos los comunistas, nunca entendieron, o les importaba un comino, que el ser humano ES individualidad: la masa es manada, es animalidad. Tortoló, que fue denigrado por ser el autor de esa huída, en realidad fue la primera manifestación importante de la individualidad cubana: no fue un borrego que se sacrificaba en una situación absurda porque se lo ordenaban. ¿Y por qué quería Fidel esos mártires? Para cavar una fosa profunda entre los norteamericanos y los cubanos. Para seguir soberbio sobre la ola del antiyanquismo que lo había elevado desde el comienzo de su carrera al estrellato de la fama mundial.

El amor entendido en abstracto, hacia una idea, un fin, es desprecio y odio hacia el individuo concreto y real. El amor hacia los seres concretos y reales es odio y desprecio hacia los "grandes" ideales y los "sublimes" fines de todas las ideologías tremendistas y totalizadoras.

No hay soluciones totales y definitivas.

No hay caudillos salvadores que todo lo resuelvan en el mundo.

El Che fue un místico, tenía el calibre de un líder místico, cuya religión era el comunismo y en aras de la cual era capaz de cualquier acto, por inhumano que pareciera, sin que le temblara un músculo, y fue el complejo de superioridad que tenía el que en realidad lo mató.

Así de simple.

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APÉNDICE


Carta de despedida del Che comentada

Análisis del ensayo del Che "El Hombre y el Socialismo en Cuba".

Encuesta anónima sobre esta biografía (Por favor, contéstela).


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Como es lógico, esta carta dejada por el Che no es una carta íntima y espontánea, sino al contrario, una carta entendida como un elemento más de la divulgación ideológica de una causa, no es pues una carta de despedida, sino una obra para la propaganda revolucionaria, comunista. Pero, lo más interesante del caso es que fue ideada para ser publicada si el Che caía en combate y fue leída por Fidel cuando el Che estaba en África. Cuenta Dariel Alarcón Ramírez, segundo del Che, conocido como el comandante Benigno, que cuando el Che se enteró que Fidel había leído la carta antes de tiempo se indignó y exclamó que Fidel era otro Stalin.

CARTA DE DESPEDIDA DEJADA POR EL CHE Y LEIDA POR FIDEL EN LA PLAZA DE LA REVOLUCION

Fidel:

Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos. Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.

Es iluso pensar que al Che lo sorprendiera la idea de la muerte, cuando él ha estado familiarizado con esa idea desde niño, debido al asma crónica que sufría, y luego como aprendiz de médico.

Hoy todo tiene un tono menos dramático porque somos más maduros, pero el hecho se repite. Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo que ya es mío.

Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos.

Haciendo un recuerdo de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario. Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en tí desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente claridad tus cualidades de conductor y de revolucionario...

Aquí sí se refleja una realidad, el Che fue el que más hizo o uno de los que más hizo por la Revolución Cubana, y también es cierto lo de sus dudas acerca de Fidel. Fidel les había pedido a Raúl y a él que ocultaran su ideología marxista y ambos se hicieron militantes del Partido Socialista de Cuba (PSP). Hay que señalar el hecho desconocido para los extranjeros y quizás para muchos jóvenes cubanos, que cuando se atacó el Cuartel Moncada y luego en la guerra de guerrillas Fidel Castro ocultó sus creencias comunistas. De tal forma que muchos, la inmensa mayoría de los que arriesgaron su vida e incluso muchos de los que murieron, desconocían los verdaderos objetivos del líder máximo.

He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios.

El Che califica de "estadista" a Fidel y eso es totalmente inexacto. Si hubiera dicho "revolucionario" o "comunista" no tendría nada que objetar, pero ¿"estadista" un hombre que puso en peligro de extinción a un pueblo completo, a la humanidad? ¿"Estadista" un hombre que le pidió a Jruschov que lanzara el primer golpe atómico, la guerra mundial atómica durante la Crisis de los Misiles?

Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.

Cuando Fidel habló depués de leer esta carta, se refirió a este punto negando que no hiciera lo mismo del Che por su responsabilidad al frente de Cuba, pero no aclaró más. Es mi especulación de que Fidel quizás no creyera que se pudiera "crear" una revolución desde fuera, aunque si se pudiera "estimularla", "apoyarla". El pragmatismo, el conocimiento político de Fidel siempre fue mucha más realista que el del Che. El Che había extraído una conclusión, un axioma erróneo del proceso cubano: "No es necesario esperar hasta que todas las condiciones para la revolución existan, el foco insurreccional las puede crear". Las condiciones para la Revolución Cubana, sí existían: un régimen ilegal y desmoralizado, el ataque al cuartel Moncada que había polarizado el país hacia un grupo dado y organizaciones políticas revolucionarias que cubrían todo el territorio nacional.

Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y de dolor, aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos... y dejo un pueblo que me admitió como un hijo; eso lacera una parte de mi espíritu. En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo donde quiera que esté, esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura.

Es absolutamente falso que Fidel le inculcara ninguna fe al Che. Cuando ambos se conocieron el Che ya estaba totalmente formado. Lo que sigue es retórica para destacar ante el pueblo la condición de líder de Fidel, a pesar de que él ya no tenia ninguna en él.

Digo una vez más que libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo. Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para tí. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo al que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. Que he estado identificado siempre con la política exterior de nuestra Revolución y lo sigo estando. Que en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano, y como tal actuaré. Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena: me alegra que así sea. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse.

Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo, pero siento que son innecesarias, las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera, y no vale la pena emborronar cuartillas.

Hasta la victoria siempre. ¡Patria o Muerte!

Te abraza con todo fervor revolucionario

Che




EL SOCIALISMO Y EL HOMBRE EN CUBA
(Texto dirigido a Carlos Quijano, semanario Marcha, Montevideo.)

Estimado compañero. Acabo estas notas en viaje por el África, animado del deseo de cumplir, aunque tardíamente, mi promesa. Quisiera hacerlo tratando el tema del título. Creo que pudiera ser interesante para los lectores uruguayos.

Es común escuchar de boca de los voceros capitalistas, como un argumento en la lucha ideológica contra el socialismo, la afirmación de que este sistema social o el período de construcción del socialismo al que estamos nosotros abocados, se caracteriza por la abolición del individuo en aras del Estado. No pretenderé refutar esta afirmación sobre una base meramente teórica, sino establecer los hechos tal cual se viven en Cuba y agregar comentarios de índole general. Primero esbozaré a grandes rasgos la historia de nuestra lucha revolucionaria antes y después de la toma del poder.

Esta "acusación" de que el socialismo o el comunismo "se caracteriza por la abolición del individuo en aras del Estado", es sin duda alguna el argumento más fuerte en contra del socialismo comunista, y parte de una realidad comprendida por filósofos, por ex marxistas, por ex comunistas y por cualquiera con dos dedos de frente, pero aquí el Che usa un método propio de la claque comunista que no le corresponde a la alcurnia del Guerrillero Heroico, pues trata de descalificar la opinión sobre un punto álgido del sistema que él defiende mediante el uso del término "los voceros capitalistas", que es una de las técnicas preferidas de "la claque comunista". Le recomendamos el breve discurso del presidente checo Havel(El resplandor de la palabra libre). El Che va a "contestar" este pivote de la crítica anticomunista hablando de como se comportaba el individuo en la guerrilla y como su individualidad era recompensada en sus aciertos. Tenga en cuenta de que el Che se refiere a un grupo de hombres unidos por una creencia, alzados en contra del Estado y en donde no existe una maquinaria de poder, sino un solo líder máximo.

Como es sabido, la fecha precisa en que se iniciaron las acciones revolucionarias que culminaron el primero de enero de 1959, fue el 26 de julio de 1953. Un grupo de hombres dirigidos por Fidel Castro atacó la madrugada de ese día el cuartel Moncada, en la provincia de Oriente. El ataque fue un fracaso, el fracaso se transformó en desastre y los sobrevivientes fueron a parar a la cárcel, para reiniciar, luego de ser amnistiados, la lucha revolucionaria.

Durante este proceso, en el cual solamente existían gérmenes de socialismo, el hombre era un factor fundamental. En él se confiaba, individualizado, específico, con nombre y apellido, y de su capacidad de acción dependía el triunfo o el fracaso del hecho encomendado.

Llegó la etapa de la lucha guerrillera. Ésta se desarrolló en dos ambientes distintos: el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar, y su vanguardia, la guerrilla, motor impulsor de la movilización, generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo. Fue esta vanguardia el agente catalizador, el que creó las condiciones subjetivas necesarias para la victoria. También en ella, en el marco del proceso de proletarización de nuestro pensamiento, de la revolución que se operaba en nuestros hábitos, en nuestras mentes, el individuo fue el factor fundamental. Cada uno de los combatientes de la Sierra Maestra que alcanzara algún grado superior en las fuerzas revolucionarias, tiene una historia de hechos notables en su haber. En base a éstos lograba sus grados.

Fue la primera época heroica, en la cual se disputaban por lograr un cargo de mayor responsabilidad, de mayor peligro, sin otra satisfacción que el cumplimiento del deber. En nuestro trabajo de educación revolucionaria, volvemos a menudo sobre este tema aleccionador. En la actitud de nuestros combatientes se vislumbraba al hombre del futuro.

En otras oportunidades de nuestra historia se repitió el hecho de la entrega total a la causa revolucionaria. Durante la Crisis de Octubre o en los días del ciclón Flora, vimos actos de valor y sacrificio excepcionales realizados por todo un pueblo. Encontrar la fórmula para perpetuar en la vida cotidiana esa actitud heroica, es una de nuestras tareas fundamentales desde el punto de vista ideológico.

El Che cree que ha descubierto el Everest. Todos los místicos religiosos de todos los tiempos han tratado de perpetuar la entrega a Dios, la bondad sin recompensa, el sacrificio por los demás, por el bien común, en sí mismos y en sus acólitos. Señores míos, lo que el Che está hablando es en el fondo mística, mística comunista pero al fin y al cabo mística. Si bien Fidel fue el primero que hizo triunfar el comunismo mintiendo sobre lo que hacía, sobre sus reales objetivos, el Che fue el primer Apóstol del Comunismo Místico, y de ahí su repercusión en el mundo, que será mas duradera que la de Fidel.

En enero de 1959 se estableció el Gobierno Revolucionario con la participación en él de varios miembros de la burguesía entreguista. La presencia del Ejército Rebelde constituía la garantía de poder, como factor fundamental de fuerza.

Se produjeron enseguida contradicciones serias, resueltas, en primera instancia, en febrero del 59, cuando Fidel Castro asumió la jefatura de Gobierno con el cargo de Primer Ministro. Culminaba el proceso en julio del mismo año, al renunciar el presidente Urrutia ante la presión de las masas.

Aparecía en la historia de la Revolución cubana, ahora con caracteres nítidos, un personaje que se repetirá sistemáticamente: la masa.

Ahora el Che crea un ente que en realidad sólo vive como tal, como masa, en una concentración pública, porque la gente que está viviendo sus vidas, trabajando, etc., no son masa en modo alguno. Y aunque él lo trata de negar, en la masa, reunida en una concentración, están presentes las características de la manada, de la animalidad, y en modo alguno representan un paso superior al individuo, a la individualidad. Cuando la gente participa en una masa pueden sentirse bien e incluso superiores, pero la humanidad debe todo su desarrollo, absolutamente todo, a las individualidades.

Este ente multifacético no es, como se pretende, la suma de elementos de la misma categoría (reducidos a la misma categoría, además, por el sistema impuesto), que actúa como un manso rebaño. Es verdad que sigue sin vacilar a sus dirigentes, fundamentalmente a Fidel Castro, pero el grado en que él ha ganado esa confianza responde precisamente a la interpretación cabal de los deseos del pueblo, de sus aspiraciones, y a la lucha sincera por el cumplimiento de las promesas hechas.

La masa participó en la Reforma Agraria y en el dificil empeño de la administración de las empresas estatales; pasó por la experiencia heroica de Playa Girón; se forjó en las luchas contra las distintas bandas de bandidos armadas por la CIA; vivió una de las definiciones más importantes de los tiempos modernos en la Crisis de Octubre y sigue hoy trabajando en la construcción, del socialismo.

Vistas las cosas desde un punto de vista superficial, pudiera parecer que tienen razón aquéllos que hablan de la supeditación del individuo al Estado, la masa realiza con entusiasmo y discipline sin iguales las tareas que el Gobiemo fija, ya sean de índole económica, cultural, de defensa, deportiva, etcétera. La iniciativa parte en general de Fidel o del alto mando de la Revolución y es explicada al pueblo, que la toma como suya. Otras veces, experiencias locales se toman por el Partido y el Gobierno para hacerlas generales, siguiendo el mismo procedimiento.

Sin embargo, el Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar. Así sucedió en marzo de 1962 ante la política sectaria impuesta al Partido por Aníbal Escalante.

Es evidente que el mecanismo no basta para asegurar una sucesión de medidas sensatas y que falta una conexión más estructurada con la masa. Debemos mejorarla durante el curso de los próximos años, pero, en el caso de las iniciativas surgidas en los estratos superiores del Gobierno, utilizamos por ahora el método casi intuitivo de auscultar las reacciones generales frente a los problemas planteados.

La falta de cohesión del Che cristaliza en este punto, porque él no tienen una definición clara de "masa", que no es un ente, es una abstracción como "pueblo". Él simplemente ha sustituido "pueblo" por "masa". Lo que subsiste es la contradicción abstracta que él trata de realizar entre "masa" y "vanguardia" al estilo de una contradicción dialéctica. ¿Quién decide lo mejor para la "masa"? La vanguardia y en primer lugar, el Máximo Líder. ¿Puede la masa de alguna manera decirle al Líder "tú estás equivocado. Queremos ira hacia otro objetivo"? Cuando no existe una enorme maquinaria represiva implantando el terror, sí, pero cuando ya existe esa maquinaria, desde luego que no. Esta vanguardia, esta élite dispone el rumbo, decide si lo que existe en la mente individual es un rezago del pasado o no. ¿Y esa vanguardia es una vanguardia preparada, culta, sabia, que pueda determinar un parangón de hombre nuevo? No. Eran personas valientes, llenos de mística, pero en modo alguno eran los mejor preparados de la nación cubana. La gran mayoría de ellos eran ignorantes, estaban mal preparados, aunque tuvieran mucha buena fe.

Maestro en ello es Fidel, cuyo particular modo de integración con el pueblo sólo puede apreciarse viéndolo actuar. En las grandes concentraciones públicas se observa algo así como el diálogo de dos diapasones cuyas vibraciones provocan otras nuevas en el interlocutor. Fidel y la masa comienzan a vibrar en un diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el clímax en un final abrupto, coronado por nuestro grito de lucha y de victoria.

Lo difícil de entender, para quien no viva la experiencia de la Revolución, es esa estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez, la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes.

Es decir, Fidel hipnotiza a la masa y para entender eso hay que ser hipnotizado. Ahora el Che hace una disgresión para asegurarnos qué malo es el capitalismo.

En el capitalismo se pueden ver algunos fenómenos de este tipo cuando aparecen políticos capaces de lograr la movilización popular, pero si no se trata de un auténtico movimiento social, en cuyo caso no es plenamente lícito hablar de capitalismo, el movimiento vivirá lo que la vida de quien lo impulse o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista. En ésta, el hombre está dirigido por un frío ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de su comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor. Ella actúa en todos los aspectos de su vida, va modelando su camino y su destino.

Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que éste se percate. Sólo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la propaganda capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller -verídico o no-, una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud, no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos. (Cabría aquí la disquisición sobre cómo en los países imperialistas los obreros van perdiendo su espíritu internacional de clase al influjo de una cierta complicidad en la explotación de los países dependientes y cómo este hecho, al mismo tiempo, lima el espíritu de lucha de las masas en el propio país, pero ése es un tema que sale de la intención de estas notas.)

De todos modos, se muestra el camino con escollos que, aparentemente, un individuo con las cualidades necesarias puede superar para llegar a la meta. El premio se avizora en la lejanía; el camino es solitario. Además, es una carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de otros.

Una vez que ya hablamos mal del capitalismo, el Che nos habla cómo el individuo no es un producto acabado, cómo hay que quitarle las ideas persistentes del pasado y cómo ese proceso se hace por presión del medio exterior (dirigido por la élite, por suspuesto), y por autodecisión, cuando el individuo decide cooperar o hace ver que está cooperando para que no lo jodan más.

Intentaré, ahora, definir al individuo, actor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad.

Creo que lo más sencillo es reconocer su cualidad de no hecho, de producto no acabado. Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas.

El proceso es doble, por un lado actúa la sociedad con su educación directa e indirecta, por otro, el individuo se somete a un proceso consciente de autoeducación.

¿Qué pasa con los que no quieren someterse? ¿Qué pasa con aquellos que no concuerdan con los ideales de esa élite que se ha abrogado por la fuerza el derecho de "formar" a millones de seres humanos de acuerdo a una teoría? ¿Quién decide qué es lo bueno para todo el mundo? Este proceso de educación es lo más despiadado que existe, porque no hay escape posible. Esa élite es dueña de todos los periódicos, de todas las estaciones de radio y televisión, de todo, impide al pueblo el libre acceso a la Internet y concede minúsculas libertades como los avaros regalan su dinero.

La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no sólo en la conciencia individual, en la que pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia.

En el esquema de Marx se concebía el período de transición como resultado de la transformación explosiva del sistema capitalista destrozado por sus contradicciones; en la realidad posterior se ha visto cómo se desgajan del árbol imperialista algunos países que constituyen las ramas débiles, fenómeno previsto por Lenin. En éstos, el capitalismo se ha desarrollado lo suficiente como para hacer sentir sus efectos, de un modo u otro, sobre el pueblo, pero no son sus propias contradicciones las que, agotadas todas las posibilidades, hacen saltar el sistema. La lucha de liberación contra un opresor externo, la miseria provocada por accidentes extraños, como la guerra, cuyas consecuencias hacen recaer las clases privilegiadas sobre los explotados, los movimientos de liberación destinados a derrocar regímenes neocoloniales, son los factores habituales de desencadenamiento. La acción consciente hace el resto.

En estos países no se ha producido todavía una educación completa para el trabajo social, y la riqueza dista de estar al alcance de las masas mediante el simple proceso de apropiación. El subdesarrollo por un lado y la habitual fuga de capitales hacia países "civilizados" por otro, hacen imposible un cambio rápido y sin sacrificios. Resta un gran tramo a recorrer en la construcción de la base económica, y la tentación de seguir los caminos trillados del interés material, como palanca impulsora de un desarrollo acelerado, es muy grande.

Ahora el Che habla del estímulo moral versus el estímulo material y cómo el "hombre nuevo", el hombre que la Revolución Castrista quería broquelar sobre la carne y el hueso de los infelices ciudadanos cubanos, no se estaba construyendo en los países socialistas que habían perdido el camino. El complejo de superioridad del Che es tan grande, que a pesar de que la revolución comunista cubana había sobrevivido tan sólo por el apoyo económico, militar y político de la URSS y del campo socialista, critica el camino que esos países escogieron sin preguntarse por qué lo escogieron. Y lo escogieron, Che, porque aprendieron que es imposible considerar al hombre como una chapa de hierro que tú puedes moldear como te dé la gana, que si tú tratas a la "masa" como si fuera una plasta de mierda la "masa" acaba cagándose en ti, que es exactamente lo que ha hecho el pueblo cubano con la Revolución castro-comunista. Así de simple, che.

Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entre tanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo.

De allí que sea tan importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas. Ese instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente, sin olvidar una correcta utilización del estímulo material, sobre todo de naturaleza social.

Como ya dije, en momentos de peligro extremo es fácil potenciar los estímulos morales; para mantener su vigencia, es necesario el desarrollo de una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas. La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela.

¿De dónde viene el derecho de nadie a considerarse maestro exclusivo de todo un pueblo? De la fuerza. Usted se hace maestro exclusivo de un pueblo tan sólo mediante el uso de la fuerza.

Las grandes líneas del fenómeno son similares al proceso de formación de la conciencia capitalista en su primera época. El capitalismo recurre a la fuerza, pero, además, educa a la gente en el sistema. La propaganda directa se realiza por los encargados de explicar la ineluctabilidad de un régimen de clase, ya sea de origen divino o por imposición de la naturaleza como ente mecánico. Esto aplaca a las masas que se ven oprimidas por un mal contra el cual no es posible la lucha.

A continuación viene la esperanza, y en esto se diferencia de los anteriores regímenes de casta que no daban salida posible.

Para algunos continuará vigente todavía la fórmula de casta: el premio a los obedientes consiste en el arribo, después de la muerte, a otros mundos maravillosos donde los buenos son premiados, con lo que se sigue la vieja tradición. Para otros, la innovación; la separación en clases es fatal, pero los individuos pueden salir de aquella a que pertenecen mediante el trabajo, la iniciativa, etcétera. Este proceso, y el de autoeducación para el triunfo, deben ser profundamente hipócritas: es la demostración interesada de que una mentira es verdad.

La prepotencia del Che le sale hasta por los poros. Él ha determinado que creer en otra vida, en Dios, es un invento para tranquilizar a la gente. No le cabe en la cabeza que ése es un DERECHO de las personas, CREER en lo que les dé la real gana. Y mucho menos, que a lo mejor hay en realidad otra vida. Y por otra parte, pone en duda el que cualquiera, si es hábil o tiene suerte en los negocios, si inventa algo que sea útil o no, pero que prenda bien en el mercado, si escribe uno o varios libros que se vendan bien, o si tiene suerte con un billete de la lotería, y yo he visto personalemente esos casos, que no son nada del otro mundo, pueda hacerse rico. Pero sin llegar a la riqueza, si todos los miembros de la familia trabajan, ahorran, se superan, luchan, en países con cierta estabilidad, pueden avanzar en el plano personal.

En nuestro caso, la educación directa adquiere una importancia mucho mayor. La explicación es convincente porque es verdadera; no precisa de subterfugios. Se ejerce a través del aparato educativo del Estado en función de la cultura general, técnica e ideológica, por medio de organismes tales como el Ministerio de Educación y el aparato de divulgación del Partido. La educación prende en las masas y la nueva actitud preconizada tiende a convertirse en hábito; la masa la va haciendo suya y presiona a quienes no se han educado todavía. Esta es la forma indirecta de educar a las masas, tan poderosa como aquella otra.

Pero el proceso es consciente; el individuo recibe continuamente el impacto del nuevo poder social y percibe que no está completamente adecuado a él. Bajo el influjo de la presión que supone la educación indirecte, trata de acomodarse a una situación que siente justa y cuya propia falta de desarrollo le ha impedido hacerlo hasta ahora. Se autoeduca.

¡Dios mío! ¡Qué bello es esto! Yo participé de esta ilusión. Yo era poco productivo en las tareas agrícolas, pero me recuerdo con qué satisfacción trabajé voluntario en las máquinas del taller de telecomunicaciones, como me autoeduqué para tratar de cumplir las normas y hasta traté de implantar nuevas marcas de producción en un torno dado. Me dolían músculos inesperados, pero me sentía feliz. ¿Qué ocurrió que fue cambiando todo el escenario? Hacíamos guardias voluntarias en el trabajo, en el barrio para los CDR y en los diferentes servicios militares. Hacíamos trabajos voluntarios para el trabajo y los CDR. Teníamos reuniones en lo militar, en los CDR, en el trabajo. Teníamos círculos de estudio en el trabajo y en los CDR. Y la vida individual, propia, se iba reduciendo a cero. Recibíamos una presión social que se incrementaba por minuto. Teníamos que convertirnos en zombis que alterábamos el rumbo a cada nueva "orientación" que venía de ese olimpo de dioses revolucionarios que todo lo sabían o si no, se lo imaginaban. Los únicos que no podíamos imaginar éramos los de abajo. Y empezamos a escondernos, a mentir, porque si decíamos lo que creíamos éramos reprimidos para "educarnos".

En este período de contrucción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca, ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas. Descontando aquellos cuya falta de educación los hace tender al camino solitario, a la autosatisfacción de sus ambiciones, los hay que, aun dentro de este nuevo panorama de marcha conjunta, tienen tendencia a caminar aislados de la masa que acompañan. Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma.

Ya no marchan completamente solos, por veredas extraviadas, hacia lejanos anhelos. Siguen a su vanguardia, constituida por el Partido, por los obreros de avanzada, por los hombres de avanzada que caminan ligados a las masas y en estrecha comunión con ellas. Las vanguardias tienen su vista puesta en el futuro y en su recompensa, pero ésta no se vislumbra como algo individual; el premio es la nueva sociedad donde los hombres tendrán características distintas: la sociedad del hombre comunista.

El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, nos separamos de las masas; en ocasiones, por hacerlo lentamente, sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrimos de la masa y que ésta sólo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo.

A pesar de la importancia dada a los estímulos morales, el hecho de que exista la división en dos grupos principales (excluyendo, claro está, a la fracción minoritaria de los que no participan, por una razón u otra, en la construcción del socialismo), indica la relativa falta de desarrollo de la conciencia social. El grupo de vanguardia es ideológicamente más avanzado que la masa; ésta conoce los valores nuevos, pero insuficientemente. Mientras en los primeros se produce un cambio cualitativo que le permite ir al sacrificio en su función de avanzada, los segundos sólo ven a medias y deben ser sometidos a estímulos y presiones de cierta intensidad; es la dictadura del proletariado ejerciéndose no sólo sobre la clase derrotada, sino también, individualmente, sobre la clase vencedora.

¿De qué dictadura del proletariado habla el Che? Jamás hubo en Cuba dictadura del proletariado. Desde el triunfo de la revolución sólo hubo dictadura de Fidel y del grupo que lo acompañaba. Punto.

Todo esto entraña, para su éxito total, la necesidad de una serie de mecanismos, las instituciones revolucionarias. En la imagen de las multitudes marchando hacia el futuro, encaja el concepto de institucionalización como el de un conjunto armónico de canales, escalones, represas, aparatos bien aceitados que permitan esa marcha, que permitan la selección natural de los destinados a caminar en la vanguardia y que adjudiquen el premio y el castigo a los que cumplen o atenten contra la sociedad en construcción.

Esta institucionalidad de la Revolución todavía no se ha logrado. Buscamos algo nuevo que permita la perfecta identificación entre el Gobierno y la comunidad en su conjunto, ajustada a las condiciones peculiares de la construcción del socialismo y huyendo al máximo de los lugares comunes de la democracia burguesa, trasplantados a la sociedad en formación (como las cámaras legislativas, por ejemplo). Se han hecho algunas experiencias dedicadas a crear paulatinamente la institucionalización de la Revolución, pero sin demasiada prisa. El freno mayor que hemos tenido ha sido el miedo a que cualquier aspecto formal nos separe de las masas y del individuo, nos haga perder de vista la última y más importante ambición revolucionaria, que es ver al hombre liberado de su enajenación.

No obstante la carencia de instituciones, lo que debe superarse gradualmente, ahora las masas hacen la historia como el conjunto consciente de individuos que luchan por una misma causa. El hombre, en el socialismo, a pesar de su aparente estandarización, es más completo; a pesar de la falta del mecanismo perfecto para ello, su posibilidad de expresarse y hacerse sentir en el aparato social es infinitamente mayor.

El Che dice la "aparente estandarización", pero ¿qué se puede obtener de un mecanismo en el que un grupo limitado forja a una masa de individuos? ¿O es que también se iba a forjar una "aparente individualidad"?

Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y de producción y ligarla a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo estos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos. Así logrará la total conciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas las cadenas de la enajenación.

No hay mayor eneajenación. Che, que alguien te diga constantemente que tienes que hacer, cuáles son las debilidades ideológicas que tienes y cómo debes superarlas. Que alguien disponga de todo tu futuro y tu no puedas ni protestar porque se te puede acusar de desviado iedeológicamente, de tener en tu mente rezagos del capitalismo. El que ha vivido esto sabe que es mejor tener hambre en el capitalismo que vivir como un borrego en el socialismo. No soy yo quien dice esto: son los miles que han sido devorados por los tiburones mientras trataban de llegar a USA.

Esto se traducirá concretamente en la reapropiación de su naturaleza a través del trabajo liberado y la expresión de su propia condición humana a través de la cultura y el arte.

Para que se desarrolle en la primera, el trabajo debe adquirir una condición nueva; la mercancíahombre cesa de existir y se instala un sistema que otorga una cuota por el cumplimiento del deber social. Los medios de producción pertenecen a la sociedad y la máquina es sólo la trinchera donde se cumple el deber. El hombre comienza a liberar su pensamiento del hecho enojoso que suponía la necesidad de satisfacer sus necesidades animales mediante el trabajo. Empieza a verse retratado en su obra y a comprender su magnitud humana a través del objeto creado, del trabajo realizado. Esto ya no entraña dejar una parte de su ser en forma de fuerza de trabajo vendida, que no le pertenece más, sino que significa una emanación de sí mismo, un aporte a la vida común en que se refleja; el cumplimiento de su deber social.

Hacemos todo lo posible por darle al trabajo esta nueva categoría de deber social y unirlo al desarrollo de la técnica, por un lado, lo que dará condiciones para una mayor libertad, y al trabajo voluntario por otro, basados en la apreciación marxista de que el hombre realmente alcanza su plena condición humana cuando produce sin la compulsión de la necesidad física de venderse como mercancía.

La gente prefiere vender su trabajo como mercancía que someter su vida como esclavo. Esto no lo digo yo: si ponen un puente entre Miami y Cuba y dejan salir a todo el mundo, Fidel se queda solo.

Claro que todavía hay aspectos coactivos en el trabajo, aun cuando sea voluntario; el hombre no ha transformado toda la coerción que lo rodea en reflejo condicionado de naturaleza social y todavía produce, en muchos casos, bajo la presión del medio (compulsión moral, la llama Fidel). Todavía le falta el lograr la completa recreación espiritual ante su propia obra, sin la presión directa del medio social, pero ligado a él por los nuevos hábitos. Esto será el comunismo.

El cambio no se produce automáticamente en la conciencia, como no se produce tampoco en la economía. Las variaciones son lentas y no son rítmicas; hay períodos de aceleración, otros pausados, e, incluso, de retroceso.

Debemos considerar, además, como apuntáramos antes, que no estamos frente al periodo de transición puro, tal como lo viera Marx en la Crítica del Programa de Gotha, sino a una nueva fase no prevista por él; primer período de transición del comunismo o de la construcción del socialismo. Este transcurre en medio de violentas luchas de clase con elementos de capitalismo en su seno que oscurecen la comprensión cabal de su esencia.

Si a esto se agrega el escolasticismo que ha frenado el desarrollo de la filosofía marxista e impedido el tratamiento sistemático del período, cuya economía política no se ha desarrollado, debemos convenir en que todavía estamos en pañales y es preciso dedicarse a investigar todas las características primordiales del mismo antes de elaborar una teoría económica y política de mayor alcance.

La teoría que resulte dará indefectiblemente preeminencia a los dos pilares de la construcción: la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica. En ambos aspectos nos falta mucho por hacer, pero es menos excusable el atraso en cuanto a la concepción de la técnica como base fundamental, ya que aquí no se trata de avanzar a ciegas sino de seguir durante un buen tramo el camino abierto por los países más adelantados del mundo. Por ello Fidel machaca con tanta insistencia sobre la necesidad de la formación tecnológica y científica de todo nuestro pueblo y, más aún, de su vanguardia.

Ahora el Che se atreve a decir que el hombre trata de liberarse de la enajenación mediante la cultura y el arte. No sé de qué enajenación el hombre primitivo que dibujaba en las cavernas trataba de liberarse. Y la cultura y las artes sin hombres ricos que las protejieran no hubieran sobrevivido.

En el campo de las ideas que conducen a actividades no productivas, es más fácil ver la división entre necesidad material y espiritual. Desde hace mucho tiempo el hombre trata de liberarse de la enajenación mediante la cultura y el arte. Muere diariamente las ocho y más horas en que actúa como mercancía para resucitar en su creación espiritual. Pero este remedio porta los gérmenes de la misma enfermedad: es un ser solitario el que busca comunión con la naturaleza. Defiende su individualidad oprimida por el medio y reacciona ante las ideas estéticas como un ser único cuya aspiración es permanecer inmaculado.

Se trata sólo de un intento de fuga. La ley del valor no es ya un mero reflejo de las relaciones de producción; los capitalistas monopolistas la rodean de un complicado andamiaje que la convierte en una sierva dócil, aun cuando los métodos que emplean sean puramente empíricos. La superestructura impone un tipo de arte en el cual hay que educar a los artistas. Los rebeldes son dominados por la maquinaria y sólo los talentos excepcionales podrán crear su propia obra. Los restantes devienen asalariados vergonzantes o son triturados.

Se inventa la investigación artística a la que se da como definitoria de la libertad, pero esta "investigación" tiene sus límites, imperceptibles hasta el momento de chocar con ellos, vale decir, de plantearse los reales problemas del hombre y su enajenación. La angustia sin sentido o el pasatiempo vulgar constituyen válvulas cómodas a la inquietud humana; se combate la idea de hacer del arte un arma de denuncia.

Si hay alguien más antinorteamericano que Chomski, nacido en USA, me tienen que decir quién es. Y no sólo él. Hay que leer las diatribas de muchos intelectuales en contra de su país para darse cuenta que no hay mayor libertad que la que existe en USA.

Si se respetan las leyes del juego se consiguen todos los honores; los que podría tener un mono al inventar piruetas. La condición es no tratar de escapar de la jaula invisible.

Cuando la Revolución tomó el poder se produjo el éxodo de los domesticados totales; los demás, revolucionarios o no, vieron un camino nuevo. La investigación artística cobró nuevo impulso. Sin embargo, las rutas estaban más o menos trazadas y el sentido del concepto fuga se escondió tras la palabra libertad. En los propios revolucionarios se mantuvo muchas veces esta actitud, reflejo del idealismo burgués en la conciencia.

Es patético el esfuerzo que hace el Che en lo que respecta al arte. Lo primero que quita un grupo élite que va a transformar toda la sociedad es la libertad de expresión, y sin libertad de expresión no hay arte. El mejor arte comunista, las mejores filosofías comunistas, las mejores economías políticas comunistas han sido creadas en el capitalismo, porque en el capitalismo bien entendido hay libertad de expresión infinita. Una vez que en el país dado se instaura el comunismo ya no hay desarrollo de la teoría comunista en ese país. Así de simple.

En países que pasaron por un proceso similar se pretendió combatir estas tendencias con un dogmatismo exagerado. La cultura general se convirtió casi en un tabú y se proclamó el summum de la aspiración cultural, una representación formalmente exacta de la naturaleza, convirtiéndose ésta, luego, en una representación mecánica de la realidad social que se quería hacer ver; la sociedad ideal, casi sin conflictos ni contradicciones, que se buscaba crear.

El socialismo es joven y tiene errores. Los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesarios para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales, y los métodos convencionales sufren de la influencia de la sociedad que los creó. (Otra vez se plantea el tema de la relación entre forma y contenido.) La desorientación es grande y los problemas de la construcción material nos absorben. No hay artistas de gran autoridad que, a su vez, tengan gran autoridad revolucionaria. Los hombres del Partido deben tomar esa tarea entre las manos y buscar el logro del objetivo principal: educar al pueblo.

Se busca entonces la simplificación, lo que entiende todo el mundo, que es lo que entienden los funcionarios. Se anula la auténtica investigación artística y se reduce el problema de la cultura general a una apropiación del presente socialista y del pasado muerto (por tanto, no peligroso). Así nace el realismo socialista sobre las bases del arte del siglo pasado.

Pero el arte realista del siglo XIX, también es de clase, más puramente capitalista, quizás, que este arte decadente del siglo XX, donde se transparenta la angustia del hombre enajenado. El capitalismo en cultura ha dado todo de sí y no queda de él sino el anuncio de un cadáver maloliente en arte, su decadencia de hoy. Pero, por qué pretender buscar en las formas congeladas del realismo socialista la única receta válida? No se puede oponer al realismo socialista "la libertad", porque ésta no existe todavía, no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva; pero no se pretenda condenar a todas las formas de arte posteriores a la primer mitad del siglo XIX desde el trono pontificio del realismo a ultranza, pues se caería en un error proudhoniano de retorno al pasado, poniéndole camisa de fuerza a la expresión artística del hombre que nace y se construye hoy.

Falta el desarrollo de un mecanismo ideológico cultural que permita la investigación y desbroce la mala hierba, tan fácilmente multiplicable en el terreno abonado de la subvención estatal.

En nuestro país, el error del mecanicismo realista no se ha dado, pero sí otro signo de contrario. Y ha sido por no comprender la necesidad de la creación del hombre nuevo, que no sea el que represente las ideas del siglo XIX, pero tampoco las de nuestro sigio decadente y morboso. El hombre del siglo XXI es el que debemos crear, aunque todavía es una aspiración subjetiva y no sistematizada. Precisamente éste es uno de los puntos fundamentales de nuestro estudio y de nuestro trabajo, y en la medida en que logremos éxitos concretos sobre una base teórica o, viceversa, extraigamos conclusiones teóricas de carácter amplio sobre la base de nuestra investigación concreta, habremos hecho un aporte valioso al marxismo-leninismo, a la causa de la humanidad. La reacción contra el hombre del siglo XIX nos ha traído la reincidencia en el decadentismo del siglo XX; no es un error demasiado grave, pero debemos superarlo, so pena de abrir un ancho cauce al revisionisme.

Las grandes multitudes se van desarrollando, las nuevas ideas van alcanzando adecuado ímpetu en el seno de la sociedad, las posibilidades materiales de desarrollo integral de absolutamente todos sus miembros, hacen mucho más fructífera la labor. El presente es de lucha; el futuro es nuestro.

Resumiendo, la culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original; no son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales. Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original. Las posibilidades de que surjan artistas excepeionales serán tanto mayores cuanto más se haya ensanchado el campo de la cultura y la posibilidad de expresión. Nuestra tarea consiste en impedir que la generación actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas. No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni "becarios" que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo.

En nuestra sociedad, juegan un papel la juventud y el Partido.

Particularmente importante es la primera, por ser la arcilla maleable con que se puede construir al hombre nuevo sin ninguna de las taras anteriores.

Ella recibe un trato acorde con nuestras ambiciones. Su educación es cada vez más completa y no olvidamos su integración al trabajo desde los primeros instantes. Nuestros becarios hacen trabajo físico en sus vacaciones o simultáneamente con el estudio. El trabajo es un premio en ciertos casos, un instrumento de educación, en otros; jamás un castigo. Una nueva generación nace.

La triste realidad es que de esa arcilla moldeable ha surgido un Hombre Nuevo profundamente anticubano, porque la revolución Comunista se robó la nacionalidad y dijo que Cuba y Comunismo eran la misma cosa, y como el Hombre Nuevo odia en su interior al Comunismo, se declara en su interior antipatriota. Usted habla con un Hombre Nuevo y si él está en Cuba y usted es extranjero, usted sólo leerá lo que el Che quiso hacer de la juventud. Eso es un efecto de la doble moral. Si ese joven que ha gritado millares de veces que será como el Che, tiene la oportunidad, se montará en una balsa y se irá hacia la "Yuma", donde aborrecerá de ser cubano, le importará un bledo la Cuba que dejó atrás y su futuro y sólo le interesarán las cosas superficiales de la vida y de política ni le hablen. La revolución Cubana y el Che han convertido en mierda a una generación casi completa de cubanos, que son incapaces de decir lo que piensan, que son maestros de la doble moral y el subterfugio.

El Partido es una organización de vanguardia. Los mejores trabajadores son propuestos por sus compañeros para integrarlo. Este es minoritario pero de gran autoridad por la calidad de sus cuadros. Nuestra aspiración es que el Partido sea de masas, pero cuando las masas hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia, es decir, cuando estén educados para el comunismo. Y a esa educación va encaminado el trabajo. El Partido es el ejemplo vivo; sus cuadros deben dictar cátedras de laboriosidad y sacrificio, deben llevar, con su acción, a las masas al fin de la tarea revolucionaria, lo que entraña años de duro bregar contra las dificultades de la construcción, los enemigos de clase, las lacras del pasado, el imperialismo...

Quisiera explicar ahora el papel que juega la personalidad, el hombre como individuo de las masas que hacen la historia. Es nuestra experiencia, no una receta.

Fidel dio a la Revolución el impulso en los primeros años, la dirección, la tónica siempre, pero hay un buen grupo de revolucionarios que se desarrollan en el mismo sentido que el dirigente máximo y una gran masa que sigue a sus dirigentes porque les tiene fe; y les tiene fe, porque ellos han sabido interpretar sus anhelos.

No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad. El individuo de nuestro país sabe que la época gloriosa que le toca vivir es de sacrificio; conoce el sacrificio. Los primeros lo conocieron en la Sierra Maestra y dondequiera que se luchó; después lo hemos conocido en toda Cuba. Cuba es la vanguardia de América y debe hacer sacrificios porque ocupa el lugar de avanzada, porque indica a las masas de América Latina el camino de la libertad plena.

Dentro del país, los dirigentes tienen que cumplir su papel de vanguardia; y, hay que decirlo con toda sinceridad, en una revolución verdadera a la que se le da todo, de la cual no se espera ninguna retribución material, la tarea del revolucionario de vanguardia es a la vez magnífica y angustiosa.

Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente ; éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría, y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita.

Los dirigentes de la Revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la Revolución a su destino; el marco de los amigos responde, estrictamente, al marco de los compañeros de Revolución. No hay vida fuera de ella.

En esas condiciones, hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas.

Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.

El revolucionario, motor ideológico de la revolución dentro de su partido, se consume en esa actividad interrumpida que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre en escala mundial. Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo proletario es un deber, pero también es una necesidad revolucionaria. Así educamos a nuestro pueblo.

Claro que hay peligros presentes en las actuales circunstancias. No sólo el del dogmatismo, no sólo el de congelar las relaciones con las masas en medio de la gran tarea; también existe el peligro de las debilidades en que se puede caer. Si un hombre piensa que, para dedicar su vida entera a la revolución, no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falte determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción.

En nuestro caso, hemos mantenido que nuestros hijos deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario.

Este ascetismo revolucionario forma parte de la mística personal del Che, pero es absolutamente contrario a la realidad humana. Un día el Che llega a su casa y encuentra que había carne de puerco en su refrigerador. En una reunión hace el comentario de que están mejorando los abastecimientos y habla de esa carne de puerco como de una mejora de los abastecimientos. La gente se le ríe y le dice que eso será en su casa. El Che averigüa y resulta que su chofer había conseguido esa carne para la familia del Che. El Che llama a toda su familia a contar y es cuando dicta el "decreto" de que en su casa se come lo mismo que en las demás. Él estaba casado con Aleida March y tenía cuatro hijos cuando se marchó hacia el exterior para hacer la revolución, sin que le temblara un sólo músculo y ya en relaciones con Tamara Bunke. Tal parece que el Che no estaba ligado a la idea de la liberación de la mujer. El chofer de la familia se casó después con Aleida a pesar de la oposición inicial de Fidel.

Así vamos marchando. A la cabeza de la inmensa columna -no nos averguenza ni nos intimida el decirlo- va Fidel, después, los mejores cuadros del Partido, e inmediatamente, tan cerca que se siente su enorme fuerza, va el pueblo en su conjunto, sólida armazón de individualidades que caminan hacia un fin común; individuos que han alcanzado la conciencia de lo que es necesario hacer; hombres que luchan por salir del reino de la necesidad y entrar al de la libertad.

Esa inmensa muchedumbre se ordena; su orden responde a la conciencia de la necesidad del mismo, ya no es fuerza dispersa, divisible en miles de fracciones disparadas al espacio como fragmentos de granada, tratando de alcanzar por cualquier medio, en lucha reñida con sus iguales, una posición, algo que permita apoyo frente al futuro incierto.

Sabemos que hay sacrificios delante nuestro y que debemos pagar un precio por el hecho heroico de constituir una vanguardia como nación. Nosotros, dirigentes, sabemos que tenemos que pagar un precio por tener derecho a decir que estamos a la cabeza del pueblo que está a la cabeza de América. Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte.

Permítame intentar unas conclusiones:

Nosotros, socialistas, somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres.

¿Qué es primero, el huevo o la gallina?
El esqueleto de nuestra libertad completa está formado, falta la sustancia proteica y el ropaje; los crearemos.


¡Qué lástima que la libertad socialista sea tan sólo un cadáver!

Nuestra libertad y su sostén cotidiano tienen color de sangre y están henchidos de sacrificio.

La sangre la ponen los adversarios y el sacrificio la hace el pueblo.

Nuestro sacrificio consciente; cuota para pagar la libertad que construimos.

La libertad no se construye: se tiene o no se tiene.

El camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos.

Tú nunca supiste tus limitaciones, Che.

Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica.

La personalidad juega el papel de movilización y dirección en cuanto que encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta.

¿Quién garantiza esto?

Quien abre el camino es el grupo de vanguardia, los mejores entre los buenos, el Partido.

La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud, en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera.

Si esta carta balbuceante aclara algo, ha cumplido el objetivo con que la mando.
Reciba nuestro saludo ritual, como un apretón de manos o un "Ave María Purísima".
Patria o Muerte.

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