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Fidel Castro y el show de la "bendición": ¿salvando su alma o su nefasto régimen?

Por Armando F. Valladares

(Reproducido con permiso de la agencia CubaDest, http://www.cubdest.org/, 26 de agosto de 2002. Diario Las Américas, 27 de agosto de 2002)


Lo ocurrido en un edificio frente a la Plaza de la Revolución, en La Habana, en la noche del 31 de julio pp., constituyó uno de los lances más osados y más cínicos de la "política religiosa" del dictador Castro. Junto a él estaban el alcalde de Tampa (FL), Dick Greco; su esposa, Linda McClintock-Greco; adinerados empresarios de Tampa; y monseñor Laurence Higgins, prominente figura católica de la Florida. Acababa de terminar una cordial cena de más de 4 horas, durante la cual el alcalde Greco tuvo palabras de elogio a los supuestos "logros" del régimen comunista, al tiempo que hizo silencio sobre la violación de los derechos fundamentales de los cubanos.

En el momento de la despedida, la Sra. Greco se dirige a monseñor Higgins y le dice: "Bendiga al presidente allí antes de salir". El monseñor y el dictador se miran. Éste asiente con la cabeza y dice: "Sí". Acto seguido, el prelado avanza hacia Castro y, colocando ambas manos sobre la cabeza de éste, pronuncia las siguientes palabras, en español: "Que Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo desciendan sobre Vd. y lo bendigan. Amén".

El tirano -perseguidor y destructor de la Iglesia cubana, responsable entre tantos crímenes por el fusilamiento de jóvenes mártires que murieron en el "paredón" de la prisión de La Cabaña, gritando "¡Viva Cristo Rey! ¡Abajo el comunismo", gritos de fe, de coraje y de martirio que mis propios oídos oyeron desde la mazmorra en que me encontraba- tomó un aire sumiso, alzó la mirada, estrechó ambas manos del prelado y lo abrazó.

Estos detalles fueron proporcionados por dos artículos del periódico St. Petersburg Times, el segundo de los cuales publicado hace pocos días y reproducido por el DIARIO LAS AMÉRICAS el 22 de agosto pp. Pero diversas versiones ya habían ido filtrando poco a poco en los medios católicos y en el destierro cubano de la Florida, que fueron creando en torno de dicha escena un halo de misterio y expectativa. No faltaron especulaciones, sopladas al oído, que levantavan la tierna hipótesis de que Fidel Castro, con el paso de los años, estaría sintiendo nostalgias de la Religión profesada en su niñez. Ni siquiera fue descartada la posibilidad de una suerte de Pentecostés sobre el sanguinario dictador. Especulaciones similares habían circulado cuando en 1998, al despedir a S.S. Juan Pablo II, testimonios alegaron haber visto lágrimas en los ojos del dictador.

En realidad, de parte de Fidel Castro, lo ocurrido no ha pasado de una teatral escenificación, un "show" con fines cosmético-publicitarios que le fue ofrecido en bandeja por los visitantes. Es inevitable la analogía con las escenas de Castro y sus secuaces bajando en 1959 de la Sierra Maestra, con rosarios y medallas de la Virgen al cuello, que tantos dividendos le proporcionó, especialmente, entre los católicos. Hoy, 43 años después, en un momento de peligroso desprestigio, Castro recurre a similar jugada, que podrá servirle para desmobilizar al público de las Américas que desconfía de él. En la actual coyuntura política continental, los dos objetivos principales de dicha jugada bien podrían ser los norteamericanos y los brasileños.

En efecto, la tambaleante revolución cubana -con su rotundo fracaso, consecuencia directa del socialismo de Estado- precisa urgentemente, para evitar una incontrolable explosión social, de alimentos básicos provenientes de los Estados Unidos; y le hace falta el dinero que oleadas de turistas norteamericanos podrán llevarle en caso que el Congreso confirme el levantamiento de las restricciones de viaje a Cuba. Castro sabe que es del gigante del Norte, vilipendiado durante 40 años, que puede venirle una tabla de salvación.

También en este momento necesita de la victoria política de su amigo, admirador y aliado del subversivo Foro de São Paulo, Ignacio Lula da Silva, que lidera las encuestas electorales en Brasil. Castro sabe que es desde el gigante del Sur que puede recibir una segunda tabla de salvación.

Por fin, le hace falta, de manera apremiante, aplacar la frustración de los católicos de las Américas y del mundo entero, ante el fracaso de las expectativas abiertas hace casi 5 años por el viaje de S.S. Juan Pablo II a la isla-cárcel. Y Castro requete-sabe cuántas tablas de salvación ya ha recibido a lo largo de su nefasta trayectoria desde altísimos sectores eclesiásticos, de Cuba y del exterior, sin cuya ayuda difícilmente estaría con vida y en el poder. En numerosos artículos he abordado este delicado tema, y no creo del caso retomarlo aquí (cfr., por ejemplo, "El pedido de perdón que no hubo: la colaboración eclesiástica con el comunismo", DIARIO LAS AMÉRICAS, Miami, 22 de marzo de 2000).

El público de las Américas y de Europa está horrorizado con la realidad en torno de Cuba comunista. En los Estados Unidos, ha causando indignación la noticia de las torturas de que viene siendo objeto el abogado ciego y militante cristiano Dr. Juan Carlos González Leiva en la prisión de Pedernales, provincia de Holguín, Cuba. En Brasil, está impresionando a la opinión pública -incluyendo a muchos seguidores del Sr. Lula- el caso del físico cubano Dr. Juan López Linares, pós-doctorando en una importante universidad de São Paulo, impedido de conocer y visitar en la isla-cárcel de Cuba a su hijo Juan Paolo, de 3 años. En las Américas, acaba de resonar una denuncia de la asociación "Ayuda a la Iglesia Necesitada", trasmitida por la agencia católica Zenit, en despacho desde La Habana, donde se constata que "nuevos vientos de represión" soplan contra los católicos cubanos; y que, después de la visita del Papa, "la situación ha empeorado notablemente en la isla". En Italia, ha despertado solidaridad el caso de un joven camionero y militante de derechos humanos, Oriel de Armas, que debió huir de Cuba con su esposa Raiza y su hijita Brenda, de 4 años, y que ahora corre riesgo de ser deportado por insensibles autoridades migratorias italianas.

Para Fidel Castro y su camarilla, el desprestigiado régimen bien vale una "bendición" de un solícito monseñor, tras la cual continúa con toda su dramaticidad la situación del ciego, del físico, del camionero y de los fieles católicos cubanos, que son símbolos del drama de 12 millones de cubanos esclavizados por el régimen comunista así como del sufrimiento de más de un millón de desterrados.

Todas esas violaciones de los derechos de Dios y de los hombres, tornándose públicas, han contribuido para desmistificar los supuestos "logros" sociales del sistema comunista. Por ello, me inclino a pensar que, con este reciente show, Castro busca la salvación, no de su alma, pero sí de su nefasto y anticristiano sistema. Quiero pedir a los norteamericanos, a los brasileños y al público de las Américas, que no se dejen impresionar por ese maquiavélico y teatral gesto.

Postdata importante: A eventuales objetantes les digo anticipadamente que no descarto inclusive una futura conversión de Castro, porque para Dios no hay imposibles. Hasta Judas el traidor tuvo la posibilidad de arrepentirse y salvarse, según explican los teólogos; también es cierto que en Cuba abundan los árboles con ramas fuertes y resistentes. De cualquier modo, como explicaron en 1997 el cardenal Rosalio Castillo Lara -entonces presidente de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano- y monseñor Tulio Chirivella -entonces presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela- Castro se ensañó de tal manera con la Iglesia cubana que debe arrepentirse y pedir perdón públicamente. Sin ese requisito, Castro no podrá ser perdonado.


Armando Valladares, ex preso político cubano, fue embajador de Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, durante las administraciones Reagan y Bush.



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