ARNOLDO ÁGUILA
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Este artículo es de la autoría de una investigadora histórica de amplio prestigio internacional. Lo publico en este mes por el nombre del remolcador que rememora una fecha luctuosa de un atentado contra Batista que lamentablemente fracasó, atentado puro, porque era el menos costoso para el pueblo cubano sin triunfaba, no comunista, criticado más tarde por Fidel Castro, aunque los hechos narrados sobre el Remolcador ocurrieron un día del mes de julio.


La masacre del remolcador "13 de Marzo"
Maria Werlau, con la colaboración de Christina Werlau

Para el año 1994 el descontento popular del pueblo cubano con el régimen de Castro se había profundizado. El país esta sumido en una grave crisis económica en medio de una represión incesante. A pesar de que las leyes del país prohiben a los ciudadanos marcharse sin autorización del gobierno y castigan cualquier infracción con años de prisión,(1) los intentos de escapar por cualquier medio habían ido aumentando exponencialmente.

El
13 de julio de 1994, cerca de las tres de la madrugada y al amparo de la oscuridad, unos setenta hombres, mujeres y niños abordaron el remolcador 13 de Marzo, que hacía poco había sido renovado. Tenían un plan para huir de la isla atravesando el Estrecho de la Florida, un viaje de noventa millas, con la esperanza de alcanzar la libertad en los Estados Unidos. Muchos de ellos también buscaban la forma de enviar ayuda a la familia que dejaban detrás.

La idea se le ocurrió a Eduardo Suárez Esquivel (Eddy), ingeniero de computación que había intentado huir varias veces, sin lograrlo. Obsesionado con encontrar la manera de escapar, convenció a su cuñado Fidencio Ramel Prieto, de que se llevara el remolcador y fungiera de capitán. Ramel, que estaba al frente de las operaciones en el Puerto de La Habana, había sido Secretario del Partido Comunista en el puerto, donde prestaba servicios meritorios hacía veinticinco años. Esto le daba acceso al remolcador, que pertenecía a la Empresa de Servicios Marítimos. Eso era un preciado logro, pues en Cuba todas las embarcaciones pertenecen al gobierno y están bajo estricto control para impedir que la gente se escape. Raúl Muñoz, un amigo también trabajador portuario que había sido práctico de puerto del
13 de Marzo, y que en ese momento era práctico de otro remolcador, fue reclutado para que piloteara el remolcador durante la huída. Otros hombres se unieron al desarrollo del plan.

Numerosos familiares fueron incluidos en el proyecto, y también amigos íntimos. Los organizadores se dividieron en grupos, cada uno con un líder. Cada líder se encargaría de que su grupo llegara al muelle el día que se designara. Para mantener el mayor secreto, a los niños se les dijo que irían en una excursión. Ramel era el único que tenía la lista completa de los cincuenta y dos pasajeros que deberían viajar.
En tres ocasiones anteriores se había seleccionado una fecha, pero el plan de huída se había malogrado cuando algunos participantes que trabajaban en el puerto dieron a conocer ciertas medidas de seguridad que lo hacían poco propicio. Sin que ellos lo supieran, las autoridades gubernamentales habían estado recibiendo información sobre el plan, con toda probabilidad a través de infiltrados. Se sospecha que los espías eran parte del propio grupo planificador y dos de ellos no aparecieron para la salida. Pero la información pudo haberse filtrado a través de familiares que sabían del complot.

El grupo abordó el remolcador calladamente en medio de la noche en la fecha designada, y los motores arrancaron. Inesperadamente, aparecieron personas que no estaban en la lista, y algunos que debían venir no lo hicieron. Eran las 3:15 de la madrugada cuando comenzaron a abrirse camino saliendo de la bahía de La Habana. De inmediato, un remolcador que pertenecía a la misma empresa estatal inició la persecución.

El barco interceptor primeramente trato de forzar el
13 de Marzo hacia un muelle. Cuando ésto fracasó, lo embistió, tratando de empujarlo hacia los arrecifes a la entrada de la bahía, cerca del Castillo del Morro.(4) A medida que su tripulación maniobraba con habilidad, el 13 de Marzo evitaba las embestidas y continuaba navegando hacia adelante. La gente que estaba en los muelles cercanos y en el Malecón presenciaron el ataque y gritaban que les dejaran irse.

A salir el
13 de Marzo de la bahía, otros dos remolcadores que lo esperaban en la oscuridad se unieron a la cacería. Con sus mangueras hidráulicas a presión comenzaron a lanzar chorros de agua a alta presión contra la embarcación que escapaba. El 13 de Marzo, construido de madera, estaba siendo asediado por tres remolcadores de acero modernos, mas grandes y pesados, el Polargo 2", el Polargo 3" y el Polargo 5". Respectivamente, eran dirigidos por Jesús Martínez Machín, un tal David y otro de nombre Arístides.
A medida que el
13 de Marzo navegaba hacia adelante, los remolcadores que le perseguían continuaban lanzando agua a alta presión e interceptándolo para lograr detenerlo. Después de unos cuarenta y cinco minutos, cuando el 13 de Marzo se había alejado unas siete millas mar afuera, los remolcadores que le perseguían comenzaron a embestirlo. A pesar de que el 13 de Marzo se había detenido y había enviado señales indicando que estaba dispuesto a rendirse, el ataque implacable continuó. El piloto del 13 de Marzo intentó enviar un SOS (pedido de socorro), pero los golpes de agua habían dañado el equipo eléctrico. Embarcaciones de la Marina cubana habían llegado a la escena, guardacostas de fabricación soviética conocidas como Griffin, pero se mantuvieron detrás, observando el espectáculo.

Los adultos subieron a los niños a cubierta intentando que, al percatarse de la presencia de los pequeños, los asaltantes detuvieran los chorros y las embestidas. En su desesperación, los padres levantaban a sus hijos, rogando por sus vidas, colocándolos frente a las poderosas luces de reflector que les apuntaban. Pero los atacantes continuaron bombardeando a los impotentes pasajeros con los chorros de alta presión. Los potentes chorros los dispersaban por toda la cubierta, destrozando sus ropas y arrancando a los niños de los brazos de sus padres. Algunos fueron barridos hacia el mar.
En un intento desesperado por ponerse a salvo, algunos pasajeros, muchos con niños, se refugiaron bajo cubierta en la bodega de carga y al cuarto de máquina. El
13 de Marzo estaba ahora haciendo agua como resultado de las incesantes embestidas. A pesar de que había apagado su motor, el Polargo 5" lo embistió de forma terminante y comenzó a hundirse. El agua bloqueó las puertas del cuarto de máquinas y de la bodega de carga. Los pasajeros atrapados golpeaban las paredes y los techos con desesperación y los niños gritaban horrorizados.

Fuera de sí, el piloto Raúl intentó en vano abrir el escotillón de cubierta, la cual se llenaba rápidamente de agua. Pero no pudo siquiera moverlo. Pronto reinó el silencio. Todos los que estaban atrapados debajo se habían ahogado.
A eso de las 4:50 a.m., el remolcador se hundió a siete millas al nordeste de la bahía de La Habana. El pánico se apoderó de los sobrevivientes que cayeron al agua en la oscuridad de la noche. Las madres trataban de aferrarse a sus hijos para impedir que se ahogaran, a gritos pidiendo ayuda a sus esposos y demás parientes. Todos luchaban por sus vidas en alta mar. Muchos flotaban encima de una nevera grande, otros se agarraban de cualquier cosa que flotara pasando o simplemente se mantenían a flote moviendo las piernas.

Después de casi una hora, los Polargo comenzaron a dar vueltas en círculo alrededor de los sobrevivientes, creando remolinos y turbulencias para ahogarlos. Muchos desaparecieron. Quedo claro que querían asegurarse que nadie quedara vivo para dar testimonio del horror. María Victoria García, que perdió a su hijo de diez años, a su esposo y a muchos otros familiares contó
Les pedimos que nos salvaran, pero sólo se rieron. Uno de los remolcadores intentó pasar por encima de la nevera flotante que sostenía a muchos sobrevivientes. Por fortuna, no tuvo éxito.

De pronto, los atacantes se detuvieron y las tripulaciones de los Polargos indicaron a los que quedaban que nadaran hacia los barcos de la Marina que se acercaban. Una vez a bordo, observaron que un mercante de bandera griega estaba en la cercanía, acercándose a la bahía de La Habana. Piensan que fue por esto que el ataque se detuvo repentinamente. Varias embarcaciones guardacostas de la Marina se adelantaron entonces para rescatar a los que quedaban.

Los grupos de pasajeros rescatados, exhaustos, permanecieron bajo custodia en alta mar casi hasta las once de la mañana. Cuando se recibió la órden, fueron entonces trasladados a una base naval en Jaimanitas, cerca de La Habana, donde se habían reunido muchos militares de alto grado. Los hombres fueron llevados a una celda, y las mujeres con los niños a otra, donde se les interrogó. Casi de noche, enviaron a las mujeres y a los niños a sus casas y llevaron a los hombres al cuartel general de la Seguridad del Estado en La Habana, Villa Marista. Algunos quedaron detenidos durante varias semanas, después de las cuales fueron puestos bajo prisión domiciliaria. Dos quedaron detenidos durante ocho meses. Todos recibieron drogas sicotrópicas, fueron intervenidos con sicólogos y sometidos a interrogatorios a toda hora con el fin de que dijeran que el incidente había sido un accidente.

Desde el principio, la información sobre la cantidad de víctimas fue variable. Como algunos que debían hacer el viaje no aparecieron mientras otros se unieron inesperadamente, la cantidad de personas que abordó el remolcador y la cantidad que pereció sigue siendo incierta. Pero las familias en duelo y los treinta y un sobrevivientes pudieron confirmar treinta y siete personas muertas, identificadas individualmente. Muchos estaban emparentados y la mayoría provenía de cuatro vecindarios de la provincia de La Habana -el Cotorro, Guanabacoa, Marianao, y Arroyo Naranjo. En realidad, puede ser que otras cuatro personas hayan perecido, si es que abordaron setenta y dos pasajeros, como se pensó, pero nunca se han podido identificar.

A pesar de la intimidación y el acoso, muchos sobrevivientes denunciaron inmediatamente la agresión deliberada en su contra y las embestidas premeditadas al
13 de Marzo mientras ellos permanecían inermes y sin posibilidades de presentar resistencia. Relataron que los que los perseguían parecían estar siguiendo órdenes de las naves guardacosteras y que, en un momento dado, un helicóptero había sobrevolado la escena.
Los fugitivos nunca se imaginaron que sus vidas peligraban, ni siquiera el hijo de Ramel, quien trabajaba con la Seguridad del Estado y sobrevivió.(6) Luego contó que en ningún momento pensó que el castigo iría más allá del encarcelamiento. Sin embargo, sin saberlo, estaban corriendo un riesgo mucho mayor de lo que esperaban. A principios de ese año, el 28 de abril, el remolcador
Polar 12" había sido secuestrado en la bahía de La Habana y llevado a Cayo Hueso con ochenta y seis personas abordo. El 17 de junio, el remolcador Mar Azul también había sido llevado hasta Florida con setenta y cuatro personas a bordo. Según informes, la Guardia Costera Cubana persiguió y y también embistió a ambos remolcadores y en aguas internacionales. Fueron atacados con ametralladoras, a pesar de que llevaban muchas mujeres y niños a bordo de pasajeros. Pero, como la información en Cuba está estrictamente controlada y el gobierno es dueño de todos los medios de información, estos incidentes se desconocían en la isla.
El gobierno cubano informó que treinta y dos personas se habían ahogado, y que treinta y una habían sido
rescatadas, pero no suministró una lista de víctimas. Ningún cadáver fue devuelto a sus familiares para enterrarlo y, si alguno se recuperó, se desconoce su paradero. En realidad, las autoridades expresamente se negaron a llevar a cabo operaciones de búsqueda de cadáveres. En el cuartel general de la Seguridad del Estado los agentes se burlaban de los familiares que desesperados buscaban cadáveres y les decían que sus seres queridos no eran otra cosa que
perros contrarevolucionarios.

Cuando la noticia llegó al mundo exterior, Rafael Dausá, jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, declaró que los relatos de los sobrevivientes eran
ciencia ficción y culpó del incidente a los ladrones que se habían robado el barco. El periódico Granma -propiedad del gobierno y órgano del Partido Comunista- publicó la versión oficial de los hechos. Esta sostenía que las tres naves que perseguían al 13 de Marzo habían intentado interceptarlo y que las maniobras emprendidas con ese fin habían causado el un accidente lamentable que había hecho que el barco se hundiera. En un artículo subsiguiente titulado Remolcador hundido robado por elementos antisociales, Granma culpó del irresponsable acto de piratería a las estaciones de radio contrarevolucionarias de la gusanera de Miami (referencia a los exilados cubanos) y a Estados Unidos por incumplir sus acuerdos migratorios con Cuba. Luego, el 23 de julio de 1994, el Granma publicó un editorial titulado Una lección amarga para los irresponsables. El 26 de julio, Raúl Castro, jefe de las Fuerzas Armadas de Cuba, insistió en un discurso que el remolcador estaba destinado a hundirse porque no era navegable y alabó a la Guarda Costera por tratar de impedirlo. Las estaciones de radio cubanas, todas propiedad del gobierno, repitieron explicaciones similares. Finalmente, el 5 de agosto de 1994, en un discurso de tres horas, Fidel Castro alabó públicamente a los malhechores por su comportamiento ejemplar y acciones patrióticas, y declaró enfáticamente que no habían tenido intención alguna de hundir el barco.
Para fortalecer el encubrimiento, hicieron desfilar ante las cámaras a algunos de los sobrevivientes presos, insistiendo que la tragedia era culpa de ellos por completo. Estos habían sido manipulados para que pidieran perdón públicamente, entre otras cosas con amenazas de que el pueblo estaba listo para lincharlos por haber matado a tantos niños.

Al parecer, la fuerte reacción de la comunidad internacional templó el tono desafiante del gobierno cubano. Varios líderes mundiales, entre ellos el Papa, hicieron declaraciones denunciando el deplorable incidente y expresaron su pésame por las víctimas. Los ministerios cubanos del Interior y de Relaciones Exteriores prometieron una investigación. No es de sorprender que de ésta nunca más se haya vuelto a hablar. Tampoco se ha hecho caso alguno a los intentos subsiguientes de los familiares de las víctimas y de activistas de derechos humanos en la isla por iniciar procesos judiciales a través de canales oficiales legales. Peor aún, el gobierno condecoró al jefe de la operación, el piloto de remolcador Jesús González Machín, con la medalla de
Héroe de la Revolución Cubana.
Múltiples informes de organizaciones internacionales han condenado la masacre. El 14 de julio de 1994, Amnistía Internacional hizo un llamamiento al gobierno cubano para que llevara a cabo una investigación del incidente y se hiciera justicia si algún organismo vinculado al gobierno había participado. En 1997, Amnistía informó que había evidencia suficiente de que había sido una operación oficial y que si los hechos habían ocurrido de la manera descrita por varios sobrevivientes, los que murieron habían sido víctimas de ejecuciones extrajudiciales. En junio de 1995, el Relator Especial de Naciones Unidas para Cuba solicitó al gobierno cubano que se hiciera una investigación e hizo un llamado para que se procesara a los responsables y se compensara a los familiares de las víctimas. En octubre de 1996, Naciones Unidas denunció la falta de una investigación. Ese mismo mes, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (O.E.A.) emitió un informe especial, declarando que el estado cubano era responsable de asesinato premeditado.

Con el tiempo, a medida que mas sobrevivientes y testigos salían de la isla y se conocían sus relatos, se vió claramente que el gobierno cubano había planificado el asesinato. Se hizo evidente que espías infiltrados ofrecieron información pronta y detallada de los preparativos. Se ha sabido que, una vez que se supo del complot, se tomó la decisión a los más altos niveles del gobierno de no frustrarlo con el arresto de los organizadores o el cierre de la entrada de la bahía de La Habana. En lugar de ésto, se les permitiría robar el remolcador, de modo que pudiera ser hundido para dar una lección indeleble y así impedir mas huídas de la isla.
Para encubrir la participación del gobierno, sólo se emplearon embarcaciones civiles en el ataque. Por otro lado, sólo se emplearon barcos guardacostas para rescatar a los sobrevivientes. El informe de la O.E.A indica que mientras este tipo de manipulación ha sido una práctica común del gobierno cubano
el ataque en contra de civiles indefensos fue planeado, orquestado y dirigido por el Partido Comunista y la Seguridad del Estado, con la participación directa de ambos.

En la isla, el gobierno negó toda información y sometió a vigilancia constante a los sobrevivientes y familiares de los que habían muerto. Muchos fueron despedidos de sus empleos y tuvieron que soportar el acoso sistemático de las autoridades. Con el curso de los años, todos los sobrevivientes salvo uno se las han arreglado para salir al exilio, algunos en balsa. Todos ellos llevan las marcas profundas del trauma, la sensación de pérdida sin sentido, y la conciencia de una atroz injusticia.

En la isla, el gobierno cubano continúa encarcelando, amenazando e intimidando a aquellos que para los aniversarios del ataque intentan protestar pacíficamente por el hundimiento y recordar a los que murieron, por lo general en pequeñas ceremonias. Las Brigadas de Respuesta Rápida (turbas organizadas por el gobierno) habitualmente insultan a gritos y golpean a los participantes.(7) Para impedir actividades conmemorativas, se arresta a los miembros de grupos políticos y de derechos humanos, las pandillas los acosan y hasta invaden sus hogares, y se montan operativos policiales extensos. Precisamente el pasado 27 de febrero del 2007 fueron llevados a juicio por desorden público cinco activistas pacíficos que permanecían encarcelados desde su arresto en la ceremonia conmemorativa del 13 de julio del 2005. René Montes de Oca, Emilio Leiva, Lázaro Alonso y Manuel Pérez Oria fueron sentenciados a dos años de cárcel y Roberto Guerra Pérez a un año y ocho meses. Los acusados declararon que simplemente habían intentado rendir tributo a las víctimas del remolcador y que solamente habían gritado a los atacantes de las Brigadas de Respuesta Rápida que no les golpearan mientras formaban una cadena humana para protegerse.

Lo que tal vez sea el aspecto mas desconcertante de esta tragedia es que, al igual que en casos similares en el pasado,(8) ha sido mayormente pasada por alto por los medios de difusión mundiales. Como resultado, la opinión pública mundial sigue sin enterarse de los ataques sistemáticos perpetrados por el gobierno cubano contra civiles indefensos que tratan de escapar de Cuba. Es triste ver que, cuando se trata del gobierno cubano, muchos gobiernos, líderes y celebridades hacen caso omiso de las normas más elementales de rendición de cuentas.

Este informe fue preparado por Maria Werlau, con la colaboración de Christina Werlau, y traducido del inglés por Anita Silverio.

Véase páginas siguientes con la listas de víctimas y sobrevivientes, fotos, breves biografías de todas las víctimas y fuentes de la información.

LAS VÍCTIMAS

Se utilizaron diversos informes y listas para documentar los nombres de las víctimas. Así se encontraron amplias discrepancias en la forma de deletrear ciertos nombres y con respecto a detalles tales como las edades. Se hicieron esfuerzos minuciosos para reconciliar toda la información disponible e informar con la mayor exactitud posible sobre las víctimas y los sobrevivientes. Las listas de nombres, las fotos y las direcciones fueron suministradas por Jorge A. García, quien perdió a su hijo, a su nieto y a otros doce familiares. Después de la tragedia, él llevó a cabo una investigación sobre todas las víctimas y entrevistó a los sobrevivientes. Mas adelante, pudo salir de la isla y sacó clandestinamente la información, que sirvió para su libro "El Hundimiento del Remolcador"
13 de Marzo, publicado en Miami en el 2001. La información contenida en el informe sobre las víctimas a continuación proviene de dicho libro.

37 desaparecidos que se dan por muertos:

Abreu Ruíz, Angel René, 3 años
Alcalde Puig, Rosa María, 47 años
Almanza Romero, Pilar, 31 años
Álvarez Guerra, Lissett María, 24 años
Anaya Carrasco, Yaltamira. 22 años
Balmaseda Castillo, Jorge Gregorio, 24 años
Borges Álvarez, Giselle, 4 años
Borges Briel, Lázaro Enrique, 34 años
Carrasco Sanabria, Marta Mirilla, 45 años
Cayol, Manuel, 56 años
Enríquez Carrazana, Luliana, 22 años
Fernández Rodríguez, María Miralis, 27 años
Feu González, Rigoberto, 31 años
García Suárez, Joel, 20 años
Góngora, Leonardo Notario, 28 años
González Raíces, Amado, 50 años
Guerra Martínez, Augusto Guillermo, 45 años
Gutiérrez García, Juan Mario, 10 años
Levrígido Flores, Jorge Arquímides, 28 años
Leyva Tacoronte, Caridad, 5 años
Loureiro, Ernesto Alfonso, 25 años
Marrero Alamo, Reynaldo Joaquín, 48 años
Martínez Enríquez, Hellen, 5 meses
Méndez Tacoronte, Mayulis, 17 años
Muñoz García, Odalys, 21 años
Nicle Anaya, José Carlos, 3 años
Pérez Tacoronte, Yousell Eugenio, 11 años
Perodín Almanza, Yasser, 11 años
Prieto Hernández Fidencio Ramel, 51 años
Rodríguez Fernández, Xicdy, 2 años
Rodríguez Suárez, Omar, 33 años
Ruíz Blanco, Julia Caridad, 36 años
Sanabria Leal, Miladys, 19 años
Suárez Esquivel Eduardo, 38 años
Suárez Esquivel, Estrella. Age: 48.
Suárez Plasencia, Eliecer. Age: 12.
Tacoronte Vega, Martha Caridad. Age: 35.

31 Supervivientes:

Almanza Romero, Modesto, 28 años
Bárgaza del Pino, Juan Gustavo, 39 años
Cuba Suárez, Jorge Luis, 23 años
Dominguez Alcalde, Julio César, 30 años
Estévez Martínez,Dadney, 3 años
Fuentes Díaz, Eugenio, 29 años
García Suárez, María Victoria, 30 años
Crespo Galego, Pedro Francisco, 31 años
González Salinas, Juan Fidel, 35 años
González Vázquez, Frank, 22 años
Hernández Avila, Jorge Alberto, 33 años
Hernández Gutiérrez, Janette, 21 años
Herrera Díaz Daniel Erick, 21 años
Labrada Tacoronte, Milena, 3 años
Levrigido Gamboa, Arquimides Venancio, 52 años
Lugo Martínez, Román, 30 años
Marrero Carrazana, Reynaldo, 16 años
Martínez Fundora, Daisy, 27 años
Martínez Gutiérrez, Gustavo Guillermo, 37 años
Martínez Hidalgo, Yandi Gustavo, 10 años
Morales Piloto, Armando, 39 años
Muñoz García, Raúl, 25 años
Perodín Almanza Sergio, 8 años
Perodín Pérez, Sergio, 39 años
Prieto Suárez, Dariel, 23 años
Prieto Suárez, Iván, 27 años
Rojas Martínez, Susana, 10 años
Tacoronte Verga, Mayda, 30 años
Tuero Sierra, Jussany, 29 años
Valdés Colón, José Fabián, 17 años
Varela Amaron, Juan Bernardo, se desconoce edad

Este informe fue preparado por Maria Werlau, con la colaboración de Christina Werlau, y traducido del inglés por Anita Silverio. Archivo Cuba www.Cubaarchive.org Free Society Project Inc. P.O. Box 529 / Summit. NJ. 07902 Tel. 979.701.0520/info@CubaArchive.org Se autoriza la reproducción y redistribución de este material siempre y cuando se acredite su procedencia.